La publicación
de un video oficial del Departamento de Estado de Estados Unidos volvió a
instalar en el centro del debate uno de los conceptos más controvertidos de la
política exterior estadounidense: la Doctrina Monroe. La presentación coincide
con la realización esta semana en Panamá de un nuevo encuentro de la iniciativa
“Escudo de las Américas”, programa que reúne a los países con gobiernos afines
a la línea política de Trump. De lo que se trata es de materializar la estrategia
de política exterior de los Estados Unidos, que se lanzó en diciembre de 2025,
como una reedición de la doctrina Monroe. Aunque el gobierno de Chile no ha
adherido formalmente a esta iniciativa, sí ha participado de los dos encuentros
realizados hasta ahora. En esta segunda reunión el ministro de guerra de Trump,
Pete Hegseth pronunció un encendido discurso anunciando una nueva era de dominio
y control estadounidense sobre lo que denominó su “patio trasero”. Dentro de
esta verdadera bravata, el secretario de Guerra llamó a los países
latinoamericanos a aumentar su gasto en defensa, a realizar acciones en contra
del narco tráfico, y abandonar la Corte Penal Internacional. Entre los
presentes en Panamá se encontraba el ministro de Defensa Nacional, Fernando
Barros, quien marcó distancia manifestando que el gobierno de Chile evaluará la
propuesta de EEUU, y entregará una respuesta en noviembre. Asimismo, manifestó
que Chile no es el patio trasero de ningún país.
Como pocas o
casi ninguna vez ha ocurrido en estos meses de la actual administración, la
breve frase del ministro Barros, contó con apoyo transversal. Lo mismo ha
ocurrido con la declaración del canciller Pérez, en el sentido de que Chile no
abandonará la Corte Penal Internacional.
Las
expresiones de representantes del gobierno de Trump denotan una clara visión
imperialista, que ya sufrió el continente y el mundo en el siglo XX. La
referencia a la doctrina Monroe, alude a lo que se considera los fundamentos de
la política exterior de Estados Unidos, contenidos en el mensaje anual al
Congreso de la Unión, del presidente James Monroe, el 2 de diciembre de 1823. Los
cuatro puntos fundamentales fueron:
1.-Estados Unidos no interferiría
en los asuntos internos ni en las guerras entre las potencias europeas;
2.- Estados Unidos reconocía y no
interferiría con las colonias y dependencias existentes en el hemisferio
occidental;
3.- El hemisferio occidental
estaba cerrado a la colonización futura;
4.- Cualquier intento por parte
de una potencia europea de oprimir o controlar a cualquier nación del
hemisferio occidental se consideraría un acto hostil contra Estados Unidos.
El discurso de Monroe de 1823 se inspira en la
preocupación que existía tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, de que
las potencias continentales intentaran restaurar las antiguas colonias de
España en Latinoamérica. Estados Unidos también estaba preocupado por las
ambiciones territoriales de Rusia en la costa noroeste de Norteamérica. Lo que
en los hechos ocurrió es que las llamadas potencias continentales no tenían
aparentemente intenciones serias de recolonizar Latinoamérica. Por lo que la
declaración política de Monroe fue ignorada durante décadas fuera de los
Estados Unidos. De hecho, en 1833 el Reino Unido ocupó las Islas Malvinas, sin
oposición de los Estados Unidos. Esta doctrina se volvió a invocar en 1845 y en
1848, cuando el presidente James K. Polk, advirtió a Gran Bretaña y España que
no establecieran posiciones en Oregón, California ni en la península de
Yucatán, en México. Polk reinterpretó la doctrina en función del espíritu
imperante del Destino Manifiesto, que afirmaba que las naciones europeas no
debían interferir con la expansión territorial proyectada por Estados Unidos.
Al concluir la
Guerra de Secesión, Estados Unidos concentró tropas en el Río Grande para
apoyar la exigencia de que Francia retirara su reino títere de México. En 1867,
en parte debido a la presión estadounidense, Francia se retiró. A medida que el
poderío militar y económico de los Estados Unidos se fue acrecentando, la doctrina
Monroe se fue reinterpretando y extendiendo. Así ocurrió en el período del
presidente Theodore Roosevelt en 1904 añadió el “Corolario de Roosevelt” a la
Doctrina Monroe estableciendo que, en casos de faltas flagrantes y crónicas por
parte de un país latinoamericano, Estados Unidos podía intervenir en los
asuntos internos de ese país. Ese fue el fundamento de las intervenciones efectuadas
durante el siglo XX en países de América Latina, especialmente en el Caribe.
Durante las
largas décadas de la guerra fría, el gobierno de los Estados Unidos ejerció con
mano de hierro el control de América Latina. La doctrina de la seguridad
nacional surgida en los años 60´ para neutralizar la influencia de la Unión
Soviética en el continente, fue inoculada a los institutos armados y a la
oficialidad de las fuerzas armadas de todo el continente. Fueron los años
dorados de la Escuela de las Américas de Panamá, donde se graduaron quienes
luego encabezarían, los organismos de represión y exterminio de las dictaduras
militares.
El anuncio efectuado
esta semana por el gobierno de Trump, renueva los impulsos policíacos y cuasi
imperiales del gobierno de los Estados Unidos sobre el hemisferio occidental, y
constituye una señal de alerta para el gobierno de Chile. Ni los gestos de cercanía
demostrados, como el participar del Escudo de las Américas, ni la decisión de salir
de la Organización de países no alineados, ha servido para complacer al jerarca
norteamericano. Los gestos amistosos no han sido correspondidos, Chile ha sufrido
la imposición de arancel del 12,5% sin ninguna contemplación, peor aún, hoy ha
sido incluido en un listado de países que supuestamente estarían violando las
normas arancelarias aplicadas por Trump a productos chinos.
Estamos conscientes
de la cercanía ideológica de la actual administración con el gobierno de Trump,
y que es facultad del presidente de la república la conducción de la política exterior,
pero como dice un slogan de una histórica radio: “La verdad está en los hechos”.
Y los hechos nos muestran de manera categórica que ni la adhesión incondicional
y entusiasta a la estrategia imperialista de Trump, va a librar a nuestro país
de la arbitrariedad y el chantaje. Someterse con la esperanza de un trato
benévolo, traiciona nuestras tradiciones republicanas. Una errada decisión en
esta materia expone al país a perjuicios directos e indirectos que no se pueden
dimensionar.
Como en tantos
otros aspectos de la vida pública, en una sociedad democrática, no parece ser
la mejor solución, la imposición sin debate de la postura del gobierno de
turno. La adhesión automática al ideario político de Trump, del cual la administración
actual es tributaria, generaría un conflicto político de proporciones bíblicas,
justo cuando el oficialismo busca retomar la agenda. Como hemos dicho
innumerables veces antes, lo recomendable es el dialogo, los ex cancilleres de
los gobiernos progresistas, y los ex presidentes y ex presidenta tienen mucho
que aportar en este ámbito. Experiencia invaluable que Chile no puede
desperdiciar.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas,
lunes 17 de agosto de 2026.-
Ver más en:
https://www.britannica.com/event/Monroe-Doctrine/Application-and-extension-of-the-Monroe-Doctrine