Esta semana
como ha sido desde que tengo uso y razón, es una semana de fiesta en Chile,
puede ser en uno o dos días, o los que aguante el presupuesto familiar, porque
se celebra a Chile, y el pueblo aprovecha de celebrarse a sí mismo. Como suele
ocurrir en tiempos de crisis económica y de desempleo, las familias
trabajadoras ajustan su gasto al mínimo, pero hasta en los hogares más humildes
se prepara algún comistrajo especial, con el correspondiente bebestible.
Lo que se
celebra el 18, ha sido materia de discusión, pero lo que no está en duda es que
el 18 de septiembre de 1810, fue la constitución de la Junta de Gobierno que presidió
don Mateo de Toro y Zambrano, Conde de la Conquista. Si bien este evento, marca
un hito en una incipiente organización política de la colonia de Chile, más
bien se enmarca dentro del movimiento, que se dio en toda la península ibérica,
y en los dominios de ultramar, para defenderse del invasor francés. La península ibérica había sucumbido en 1808
al ataque del ejército de Napoleón Bonaparte, el que designó a su hermano José,
como rey de España. Los súbditos del depuesto rey, se organizaron para conservar
del algún modo su lealtad, e iniciaron un movimiento de juntas. La primera de
estas fue en Cádiz, expidiéndose a todos los dominios de la corona española,
recomendaciones de obrar de manera semejante. El texto suscrito, en tales
juntas, es explícito, y así lo consigna el acta de la Junta de Chile de 1810,
que se conserva en bóveda del Archivo Nacional. Esta declara que se desea
“conservar el dominio de estas tierras a su legítimo dueño y desgraciado
monarca, señor don Fernando Séptimo”. Es probable que más de alguno de los
connotados vecinos de Santiago, convocados a este evento, albergaran ya, ideas
de independencia, pero en esta ocasión no se hicieron visibles. Por otra parte,
el acta de declaración de la independencia en su texto original se encuentra
desaparecida, presumiblemente destruida durante el bombardeo e incendio del
palacio de La Moneda en 1973. Se conserva en el Archivo nacional, una copia del
texto usado como proclamación de la independencia. Este texto aparece fechado
en Santiago a 12 de febrero de 1818, sin embargo, hace mención al acta suscrita
por el director Supremo don Bernardo O´Higgins, en el “Palacio directorial de
Concepción, el 1 de enero de 1818”. Existe controversia sobre el lugar de la
firma, ya que algunos sostienen que materialmente se habría producido la firma,
en Los Morrillos de Perales, cerca de Talcahuano, el 1 de enero de 1818. De
cualquier modo, nuestra independencia se habría sellado formal y materialmente,
en 1818, el 1 de enero, fecha de la firma del acta, o del 12 de febrero, fecha
de su proclamación. Se estima que la fecha se optó por trasladarla a septiembre,
por dos consideraciones:
1° Porque el propio texto del
acta de independencia, señala: “La revolución del 18 de septiembre de 1810 fue
el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos a que lo
llamaba el tiempo y la naturaleza; sus habitantes han probado desde entonces la
energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en
que el Gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto a la
América sobrevivirá al trastorno de todos los abusos.” Se desprende del texto
transcrito que los propios padres de la patria, le otorgaron un carácter
revolucionario a la constitución de la junta de 1810. Asimismo, se habría
buscado fijar una línea de continuidad que le conferiría legitimidad, al
esfuerzo de incipiente organización política.
2° Porque los padres de la patria
haciendo gala de un gran pragmatismo, decidieron celebrar la independencia en septiembre,
para no interrumpir las faenas de cosecha agrícola propias del período estival.
La razón resulta obvia, y demuestra una sabiduría práctica, en aquella naciente
República de inicios del siglo XIX, la economía se sostenía fundamentalmente de
la actividad agrícola. Chile era rural, y las actividades más importantes, eran
las de cosecha, que se efectúan precisamente en los meses de verano. Por tanto,
con un espíritu práctico notable, se optó finalmente por celebrar en
septiembre, permitiendo la continuidad sin interrupciones de las cosechas
agrícolas.
Es hermoso, y
muy ilustrativo, leer el texto de la proclamación de la independencia de Chile,
para recordar de dónde venimos: “...No permitiendo las actuales circunstancias
de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto
público, hemos mandado abrir un Gran Registro en que todos los ciudadanos del
Estado sufraguen por sí mismos, libre y espontáneamente, por la necesidad
urgente de que el Gobierno declare en el día la independencia, o por la
dilación o negativa.” “ Y habiendo resultado que la universalidad de los
ciudadanos está irrevocablemente decidida por la afirmativa de aquella
proposición, hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que
para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar
solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la
gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y
sus islas adyacentes, forman de hecho y por derecho, un Estado libre,
independiente y soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de
España, con plena aptitud de adoptar la forma de Gobierno que más convenga a
sus intereses”.
En la
liberación definitiva del yugo español, pesaron dos hechos fundamentales. Por
una parte, la invasión del ejército francés que gatilló el movimiento de juntas
en España, y en todos los territorios sometidos al dominio español. Por otra
parte, el influjo incontrolable de las ideas de la ilustración, prohibidas por
la corona española, se abrieron paso llegando a América a través de libros de
contrabando, y también gracias al regreso de jóvenes aristócratas criollos,
formados en los ideales de la razón y de la revolución francesa.
Al cabildo
abierto del 18 de septiembre de 1810, sólo estuvieron invitados vecinos
connotados de Santiago, y para su ingreso debía exhibirse la esquela de
invitación. Muy escasos habitantes de la modesta capital sabían leer y escribir,
por lo que la incorporación al proceso de independencia de la población
criolla, en su mayoría analfabeta, se daría asociada a las acciones de guerra,
el ejército patriota se constituyó básicamente con peones de hacienda y
gañanes, ósea, el incipiente pueblo chileno.
Más de dos
siglos después, Chile celebra un nuevo aniversario de su independencia, con
sendos actos republicanos. Una gran parada militar que celebra las glorias del
ejército de Chile “Siempre vencedor y jamás vencido”, este año junto a su Santa
patrona, la Virgen del Carmen, haciendo honor a la consagración que hicieran
los padres de la patria, a la santa y venerable figura. Pero también se realiza
desde los albores de la patria el solemne Tedeum, en que las principales
autoridades del país y sus instituciones se reúnen en la catedral de la Iglesia
Católica, en un acto de acción de gracias al Altísimo, por los dones y
bendiciones derramadas sobre la patria. El Tedeum tiene un carácter ecuménico,
por lo que participan representantes de las principales religiones monoteístas,
junto al Cardenal, en Santiago, y junto a los respectivos obispos diocesanos en
todo el país.
En un signo
que honra la tradición democrática y republicana, como ha sido desde siempre,
los máximos representantes de la Iglesia, dan voz a los que no tienen voz, y
frente a quienes ejercen el poder político, en el ejecutivo y demás poderes del
Estado, hablan con claridad y fuerza de los dolores y aflicciones de nuestro
pueblo. El desempleo que agobia y sume en la desesperanza a un millón de
compatriotas, el alto costo de la vida que impide a las familias trabajadoras
llegar a fin de mes. La angustia en la juventud que incide en una alta tasa de
suicidios. La necesidad de cuidar de la convivencia democrática, de respetar
las libertades y garantías personales. En Santiago un cantor a lo divino, dejó
perplejos a la pareja presidencial, no acostumbrados a un lenguaje tan directo
y franco. En Magallanes, se cantó una estrofa de la “Cantata de los DDHH”, la
maravillosa obra creada en 1978 en plena dictadura por la Vicaría de la Solidaridad
junto a la Comisión Chilena de Derechos Humanos. Valores como la justicia, la
paz y la libertad y la solidaridad, entregaron una guía, un derrotero moral, a
quienes ejercen el poder. Ya veremos con el transcurrir de los días, si prospera
el fuerte llamado que hizo la Iglesia a abrir caminos de encuentro, de construir
puentes y abrirse a un dialogo amplio, que busque el bien de Chile.
Después de
haber participado en el Tedeum de Magallanes, quedamos con el alma llena de
esperanza y buenos deseos. De algún modo, se sintetiza en ese solemne acto los
valores más profundos que se inculca cada día en los hogares chilenos. El
preocuparse por los otros, estar junto a nuestros hermanos que pasan por
momentos difíciles, no tener miedo de exigir justicia, paz o libertad. Ojalá
que las reflexiones hechas por los líderes religiosos de Chile, permeen en el
corazón de los gobernantes, y se encuentre la forma de aliviar los dolores de
tantos y tantos compatriotas que sufren en silencio por todo el país.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 21 de septiembre 2026.-