EMERGENCIA Y RECONSTRUCCIÓN
Esta semana las intensas lluvias y
viento huracanado ocasionaron severos daños a la infraestructura pública y los
hogares de miles de personas en Chile. Lo más doloroso fueron las pérdidas de
vidas humanas, que enlutaron al país entero. Somos un país de catástrofes
naturales, cuando no es un verano de fuego que se lleva miles de hectáreas y
poblaciones completas, son inundaciones feroces que destruyen el patrimonio de
toda una vida. O los sismos que ya forman de la vida cotidiana de gran parte
del territorio. La fuerza de la naturaleza se hace sentir mostrándonos lo
frágiles y pequeños que somos. Como es característico en Chile, la solidaridad
entre vecinos, la solidaridad de empresas, clubes deportivos, iglesias, no se
hace esperar. Junto al esfuerzo del estado, a quien siempre se reclama mayor
celeridad. En esta ocasión el trabajo más fuerte ha sido de los gobiernos
regionales y los municipios. En los territorios las fuerzas armadas y de orden,
junto a las autoridades locales son el primer canal para llegar a cada sitio
afectado. Como suele suceder en estos casos, los medios de comunicación social,
han tenido desempeños dispares, en cuanto a entregar información útil y veraz a
la población. Mientras las radios en general, han cumplido una destacada labor
informativa, los noticieros de la TV, y sus periodistas desplegados en terreno,
han repetido el libreto de anteriores tragedias. Repiten sin pausa entrevistas
a personas afectadas, que, en medio de su dolor e impotencia, son conminados a
describir lo que sienten, ojalá forzando alguna lágrima que redoble la carga
emotiva.
Lamentablemente existen también
algunos políticos que tratan de captar atención y cámaras, incluso por encima
de los principales afectados. Es tan notorio que no se sabe a quién tratan de
engañar. En instancias como estas es donde se aprecia a las autoridades que realmente
se entregan al servicio público y cumplen su labor con dedicación total.
El ejecutivo se desplegó en las
zonas más afectadas, como corresponde en momentos tan sensibles como este. Los
ministros sectoriales todos en sus funciones, menos el de minería que anda en
cometido en el extranjero. Algunos políticos ultra conservadores han realizado
comparaciones odiosas e inadecuadas, entre la respuesta dada por la
administración anterior, y la dada por esta. Es deseable que se desechen definitivamente
este tipo de prácticas que son lo peor de la política, no todo se vale ni en la
política ni en la vida. Esas acciones afiebradas solo distraen las energías y
la atención ciudadana, del objetivo central que debe convocarnos a todos.
De una forma muy patente se nos
mostró una vez más, la importancia de la acción del estado ante situaciones de
catástrofe. Es evidente que contar con los recursos disponibles en los
gobiernos regionales hace la diferencia entre una respuesta oportuna, y una que
termina no llegando hasta que las personas lo han perdido todo, y ya nada se
puede hacer. En este escenario cobra relevancia la petición de los Gobiernos
Regionales al ejecutivo, de retrotraer la decisión del Zar de la economía, que
recortó los presupuestos regionales. Que se devuelva el recorte al menos a las
regiones afectadas por los temporales, no parece tan descabellado, considerando
que ya han comprometido el ítem destinado a emergencias para todo el año.
Es inevitable recordar calamidades anteriores
sufridas por nuestro pueblo. Quizás la más importante por su magnitud, alcance
y personas afectadas, fue el terremoto de 2010. Este ocurrió concluyendo el
mandato de la presidenta Bachelet, y le tocó al difunto presidente Sebastián
Piñera iniciar la titánica tarea de reconstrucción. Eso es lo que somos en
Chile, una tierra que periódicamente es golpeada por la naturaleza o por acción
humana, afectando la vida de miles o millones, y cada vez desde el más pequeño
y humilde, hasta el más poderoso, nos ponemos todos manos a la obra para volver
a levantarnos. Sin banderas partidarias, ni consignas sectarias, todos con el
mismo objetivo. La experiencia empresarial del presidente Piñera, sirvió en esa
oportunidad para agilizar la respuesta, movilizando tanto recursos públicos
como del sector privado. También hay que decirlo, su experiencia política, le
permitió convocar a todos los sectores sociales y políticos del país a la tarea
de la reconstrucción.
Esto nos lleva a un aspecto que
parece menor, pero es medular para entender las decisiones de nuestros actuales
gobernantes. El uso de un lenguaje que pretende darle sentido distinto a las
mismas palabras. El abuso del término emergencia, como recurso discursivo de
campaña, termina quitándole el peso y la importancia. Termina restándole
gravedad a la emergencia real, cuando esta sucede. Cuando ahora estamos ante
una verdadera emergencia, se corre el riesgo de que la ciudadanía no tenga la
respuesta adecuada y proporcional que se espera. Porque lisa y llanamente se
machacó tanto con la supuesta emergencia en la que el país completo se
encontraba, que ahora no se entiende o no se cree.
Pasa lo mismo con el término “Reconstrucción”.
No cabe duda que el proceso al que convocó el presidente Piñera tras el
terremoto de 2010, fue de “Reconstrucción nacional”, y cual más, cual menos,
nos sumamos todos de Arica a Punta Arenas. También con este término sucede lo
mismo, la actual administración, abusó tanto, que se le quitó el contenido de
esfuerzo colectivo, de tarea país. En este caso, mas encima se utilizó para
bautizar una reforma integral que busca transferir poder y recursos públicos,
hacia sectores más acomodados. La consecuencia de esto, es que, si no
entendemos todos, las mismas cosas cuando usamos los mismos términos, corremos
el riesgo de entendernos cada vez menos. Ese camino puede ser útil para quien rehúye
de las voces de los demás, y prefiere que se escuche solo la suya propia. Pero
esa vía es el autoritarismo, que en Chile ya lo vivimos, y la sociedad lo ha
rechazado ampliamente.
Lo que parecen frases dichas al
pasar, van construyendo realidad, y esta se independiza de sus creadores.
Ninguno de nosotros sabe lo que va a pasar con la mega reforma de “reconstrucción”,
ni siquiera el ministro Quiroz se atreve a señalar en qué año la economía se va
a recuperar. Mucho menos se aventura a afirmar cuando se va a terminar con el
déficit fiscal que sólo se incrementará con la reducción de los impuestos
empresariales. Pero aquí vamos, ya no se puede volver atrás, y sólo queda
esperar que quienes hoy ejercen el poder de manera omnímoda, al calor de una
modesta mayoría de un voto, se den cuenta de que el país lo conformamos todos,
y no sólo un pequeño grupo de privilegiados.
Algo que parece de Perogrullo, pero
a ratos se olvida. Para enfrentar una verdadera emergencia, como grandes inundaciones,
sismos, u otros desastres, se requiere aunar voluntades de todos, no sólo del
estrecho anillo de poder. Y para convocar a las fuerzas vivas del país a una
verdadera reconstrucción, se debe partir por escuchar, por entender, y por
acoger los puntos de vista distintos.
Nunca hay que olvidar que cuando suena
la campana o la sirena dando la voz de alerta, se despiertan emociones y sentimientos,
que no se pueden manipular ni instrumentalizar. En instancias de peligro, surge
un sentimiento de amor por el prójimo que debiéramos mantener siempre. También
un sentimiento profundo de amor a la patria, que se muestra incluso cuando en
los sitios afectados, los vecinos clavan su bandera chilena al iniciar la
limpieza para la reconstrucción.
Es un amor primario que conmueve
hasta el alma, es un llamado al resto de Chile, es una reafirmación de la
resiliencia que nos caracteriza. Son las ganas de salir adelante, las ganas de
vivir, una pulsión vital irresistible. Una fuerza que termina movilizando a la
sociedad completa.
El tiempo actual, con todas sus
complejidades y urgencias, requiere liderazgo, no sólo figuras de poder.
Liderazgo capaz de convocar y aunar, para servir al país sin etiquetas, sin
buscar ganancias ni ventajas. Pienso en ese enorme presidente que fue don
Ricardo Lagos Escobar, que el mejor ejercicio y la mejor práctica para quienes
hoy conducen los destinos de la patria, sea buscar en figuras como esa, la
orientación y el ejemplo de cómo se sirve mejor al pueblo de Chile.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 20 de julio de 2026.-