Estos días hemos continuado viendo
por TV y redes sociales, incontables imágenes de la guerra en Irán. El horror
que se sigue viviendo en Gaza y Cisjordania, con decenas de asesinados por
semana, ahora palidece con las imágenes del bombardeo a una Escuelita de niñas
en Teherán. Creo que todos sabemos mucho más de Irán que hace una semana atrás.
Expertos de distinta filiación se suceden en los canales tradicionales y en el
streaming, comentando cada paso que da el gobierno de Trump en su propósito de
someter a Irán. Cada vez es más difuso el origen o causa de la guerra, a las
alegaciones iniciales de que “Irán estaría próxima a fabricar armas nucleares”,
la investigación periodística ha opuesto evidencia incontrarrestable. Videos de
declaraciones y entrevistas del jefe de Israel, Netanyahu, quien desde 1995
viene repitiendo la misma frase, año tras año. Con leves variaciones, Irán
tendría su armamento nuclear este fin de semana, en dos días, esta misma semana,
y así, durante 30 años. El falso argumento hace recordar, aquella otra guerra
yanqui, la guerra contra Irak, cuando se argumentaba que ese país tenía armas
de destrucción masiva. No había evidencia suficiente, y el presidente Ricardo
Lagos tuvo el coraje de decirle que no al presidente George Bush. Se pedía que
Chile diera la unanimidad necesaria en el Consejo de Seguridad de ONU, para
aprobar una resolución que autorizaría la guerra. Chile integraba transitoriamente
el Consejo de Seguridad, y el NO de Ricardo Lagos privó a Estados Unidos de la
autorización de la ONU. La guerra se desató igual, y las armas de destrucción
masiva no aparecieron en ningún lado, dando la razón a la digna actuación de
nuestro jefe de estado.
La ausencia de una motivación plausible
para iniciar un ataque armado, sin declaración de guerra, es un antecedente serio
para probar que el presidente Trump ha actuado en contra de la ley
estadounidense. Esta exige la aprobación del Congreso para una declaración de
guerra, pero el ejecutivo podría soslayar esa aprobación, si existe un riesgo
inminente de ataque a territorio nacional. Esta cuestión ni siquiera ha sido
esgrimida, por cuanto organismos independientes han informado consistentemente
que Irán, no cuenta con la tecnología ni los recursos para efectuar un ataque a
territorio de Estados Unidos. Cada vez son más países del mundo que se apartan
de la línea de Trump, considerando que la guerra iniciada vulnera normas
internacionales. Incluso se ha sugerido esta semana, que el ataque a la
escuelita de Teherán, podría configurar un crimen de lesa humanidad. La postura
del gobierno español ha sido clara y enfática en el rechazo de la guerra,
abogando por el cese inmediato de los ataques, y el retorno a la mesa de
negociaciones. Dicho sea de paso, y para
que no se olvide, el ataque de Trump se realizó mientras el gobierno de Irán
estaba negociando en una mesa junto a representantes de Trump, y de sus
aliados. El gobierno de Italia, dirigido por una avezada política de ultra
derecha, Giorgia Meloni ha sido enfático en su rechazo a unirse a la guerra de
Trump. Los países árabes del Golfo Pérsico, se han manifestado en el mismo
sentido, abogando por la paz.
El
régimen teocrático que oprime al pueblo iraní, ha cometido actos de crueldad
inusitada contra su propia población. El rechazo a la guerra iniciada por
Trump, en caso alguno debe entenderse como una defensa o adhesión a la tiranía
de los Ayatolas. Así lo han expresado tanto los organismos internacionales como
los gobiernos que se oponen a la estrategia de Trump. Según la prensa independiente
de los Estados Unidos, fuentes del Pentágono reconocen que la guerra de Trump carece
de estrategia, y ponen en alerta por su elevado costo. Serían unos mil millones
de dólares por cada día. Una cifra sideral de recursos que sólo la riqueza del
petróleo iraní podría compensar. Pero lo que se suponía sería una campaña de no
más de una semana, hoy no tiene siquiera una estimación de término. La errática
conducción de Trump, obedece a impulsos del momento, sin planificación previa. El
supuesto éxito de la operación en Venezuela, llevó al craso error de considerar
que se produciría algo similar. Pero no fue así, el asesinato del líder supremo
de Irán, fue suplido por algún otro en la jerarquía y el fanatismo extremo
sigue igual que antes, en un país de noventa millones de habitantes. Decimos
supuesto éxito en Venezuela, porque lejos de un cambio de régimen, y la derrota
del chavismo, lo que hizo Trump fue consolidarlo. Este mismo fin de semana
anunció que Estados Unidos reconoce a Delcy Rodríguez como presidenta de Venezuela.
Así sin más, no hay Edmundo González ni tampoco Corina Machado, quien seguirá
al mando es la mano derecha de Maduro, y se mantiene toda la estructura del
régimen.
Con
una guerra ilegal en curso, y que puede durar meses o años, las bolsas de todo el
mundo se han resentido. El riesgo de una detención forzada del tráfico de
petróleo por el estrecho de Ormuz, tiene a las principales economías del mundo,
presionando por el cese de los ataques. El mundo es más inseguro con liderazgos
autoritarios y belicistas. Los países de tamaño pequeño o mediano, por separado
no tienen opción alguna, sólo serán presa de los poderosos. En este contexto el
fortalecimiento de los organismos internacionales es el único seguro del planeta.
La ONU, es esencial para reinstalar el consenso sobre la paz y a seguridad
planetaria. La presidencia de Trump ha llevado a su país y al mundo, a un curso
de colisión. Lo han advertido esta semana con claridad, el presidente Obama y el
presidente Biden, con un poderoso llamado a sus ciudadanos a parar el desastre
en las urnas. En el mes de noviembre se realizarán las elecciones de medio
mandato, que como ya hemos referido anteriormente, son un verdadero plebiscito
para los presidentes en ejercicio. Esta vez, con el aliciente especial, de que
el liderazgo demócrata ha asegurado que, obteniendo la mayoría en el senado y
la cámara de representantes, impulsarán un impeachment, un símil de nuestra
acusación constitucional, para terminar el mandato presidencial de Trump. Esta
situación es ampliamente conocida en el contexto global, por lo que apostar
mucho a la prolongación de esta especie de régimen imperial de Trump, no es
recomendable ni prudente. El frenesí bélico parece ser respuesta a los
problemas de política interna, producidos por el escándalo de los archivos
Epstein. Adicionalmente la base del movimiento MAGA es contraria a la guerra,
ya que Trump ofreció precisamente terminar las guerras donde van a morir, los
hijos de la clase trabajadora y la clase media, no los hijos de los plutócratas.
La
mayor o menor cercanía ideológica ha llevado a distintos mandatarios chilenos a
hacer pactos o alianzas con gobiernos afines, estas han sido siempre de
naturaleza temporal, y no han comprometido el interés nacional. El gobierno que
se iniciará el 11 de marzo, tendrá la oportunidad de fijar su propio derrotero,
y en eso no hay dos opiniones, las relaciones internacionales las conduce el
jefe de estado. Sin embargo, en el cambiante contexto actual, lo que parece más
prudente es mantener nuestra estrategia permanente de no alineamiento, cuidando
las relaciones con nuestros principales socios comerciales.
En
el estado líquido en que se encuentran las relaciones internacionales, la
candidatura de la presidenta Michelle Bachelet a la secretaría general de la
ONU, no sólo constituye una oportunidad de situar a Chile en un lugar central
del contexto global, sino además hacer una contribución sustantiva al
fortalecimiento del orden internacional. La candidatura chilena prestigia al
estado de Chile, y es prueba de la seriedad de nuestras instituciones y de
nuestra estabilidad democrática.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 9 de marzo de
2026.-
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