Parece
una exageración, pero así lo afirma un reciente estudio del Instituto sueco
Varieties of Democracy, más conocido por sus siglas V-Dem. Esta entidad de
investigación tiene sede en la Universidad de Gotemburgo y fue fundado en 2014
por el profesor Staffan Lindberg, con el objetivo de conceptualizar y medir la
democracia a nivel mundial. Publican anualmente un informe con el análisis de
48 métricas distintas de evaluación. V-Dem define la democracia partiendo del
concepto “gobierno del pueblo”, mediante siete principios clave: electoral,
liberal, participativa, deliberativa, igualitaria, mayoritaria y consensual. Su
informe conocido como “Índices de Democracia V-Dem” se basa en estos principios
clave, con el objetivo de desarrollar un enfoque único, multidimensional y
detallado para medir la democracia.
En su informe
publicado en este mes de marzo de 2026, se advierte que en 2025 ha habido un retroceso
evidente de la democracia y un avance a la autocratización. Se observa la
transformación de regímenes democráticos, en un primer paso, en una autocracia
electoral, que es “Un régimen híbrido donde existen elecciones multipartidistas
para el ejecutivo y legislativo, pero se carece de libertades fundamentales
como expresión o asociación. Aunque hay elecciones, estas no son libres ni
justas, y el gobierno restringe la competencia para mantenerse en el poder”.
Lo
más impactante del informe es que las mediciones indican que los Estados
Unidos, durante este primer año del segundo mandato de Donald Trump, ha dejado
de ser una democracia liberal y se sitúa al nivel de Hungría o Turquía. Esto se
evidencia en la rápida y agresiva concentración de poderes en la presidencia, esto
pese a los esfuerzos de algunos jueces por mantener la separación de poderes. El país atraviesa un rápido proceso de deriva
autoritaria ya confirmada en Hungría, Serbia, Turquía o la India, entre otros
países. La diferencia es que, en el caso de los Estados Unidos, el avance hacia
la autocracia y la destrucción del sistema democrático sólo le ha tomado un año
a Donald Trump. En tanto a Víctor Orban en Hungría le costó alrededor de cuatro
años, a Aleksandar Vučić en Serbia ocho años, y a Recep Erdoğan en Turquía y Narenda
Modi en la India les llevó alrededor de una decena de años suprimir las
instituciones democráticas. Se trata en todos los casos de líderes fuertes, que
se imponen sobre el sistema y lo colonizan, imponiendo en las instituciones
fiscalizadoras y a la cabeza de otros poderes del estado, a un sequito de incondicionales.
Los Estados Unidos, según el Instituto V-Dem sería una autocracia electoral, ya
que sólo realizaría elecciones, pero sin la existencia de contrapesos reales al
poder omnímodo del presidente. El indicio más claro de retroceso democrático es
la concentración rápida y agresiva de poderes en la presidencia. El Congreso ha
sido marginado, poniendo en peligro el sistema de checks and balances, los
contrapesos ideados por los padres fundadores. Limitaciones judiciales y legislativas
al ejecutivo que han definido y dado su solidez institucional a la democracia
estadounidense. En el primer año del presente mandato, Trump evitó someterse al
escrutinio del Congreso, firmando 225 órdenes ejecutivas, mientras que al
Congreso sólo presentó 49 leyes nuevas, que fueron aprobadas gracias a la mayoría
republicana. También se ha producido un retroceso ostensible en los derechos
civiles (es la forma en que los estadounidenses llaman a los derechos humanos),
se aprecia atentados en contra de la libertad de expresión, la libertad de
informar, con ataques verbales y amenazas a periodistas, y a medios de prensa.
El contenido
de las órdenes ejecutivas, es tan amplio que se aprecia una virtual renuncia
del Congreso controlado por el sector político de Trump de ejercer control o
contrapeso sobre el ejecutivo. Algunas de las órdenes ejecutivas le han permito
a Trump cerrar departamentos enteros del Gobierno, despedir a miles de
funcionarios o declarar la guerra a los migrantes. Pero también incluye la eliminación
de las barreras internas que protegen al Gobierno federal del abuso de poder, Trump
ha despedido a inspectores generales y funcionarios de niveles superiores en
todos los departamentos, y los ha reemplazado con personas afines. Es exactamente
lo que hicieron Orban en Hungría y Erdogan en Turquía, así se despeja cualquier
obstáculo para el ejercicio del poder sin ninguna limitación.
El informe de
V-Dem concluye que en 2025 el 74% de la población mundial, unos 6 mil millones
de personas viven en autocracias. De estas, viven en autocracias cerradas o
completas el 28% de la población mundial, 2.300 millones de personas. En este
régimen los ciudadanos no tienen derecho a elegir ni al jefe del ejecutivo ni
al poder legislativo mediante elecciones multipartidistas, careciendo de
libertades fundamentales. El poder se concentra sin límites institucionales, a
menudo bajo dictaduras o monarquías absolutas. Por su parte un 26% de la
población mundial vive en autocracias electorales, como Turquía o la India, lo
que corresponde a 2.300 millones de personas.
Otro dato que
asusta del informe de V-Dem es que sólo el 7% de la población mundial, unos 600
millones de personas vivimos en democracias plenas, lo que corresponde a 87
países.
El
debilitamiento de la democracia en el mundo que denota el informe del Instituto
V-Dem, es un desafío para quienes somos los afortunados habitantes de un país con
democracia plena. Los atisbos autoritarios del liderazgo de Trump surgieron hace
cinco años, con el no reconocimiento del triunfo de Joe Biden y el asalto al
Capitolio, en las elecciones pasadas. Lo que se ha visto durante el primer año
de su actual mandato, no es más que la concreción de una agenda sesgada y
despótica, que ha burlado los contrapesos de los padres fundadores, y que ha
logrado el dudoso mérito de quitar a los Estados Unidos el carácter de democracia
liberal.
La
democracia es un tesoro muy frágil, que se debe cuidar cada día, desde cada
lugar donde nos encontremos. Ningún resultado electoral autoriza a sojuzgar a
un pueblo. Los datos de los Estados Unidos muestran lo rápido que se produjo la
involución democrática, y el tránsito hacia la autocracia. Discursos
altisonantes, frases golpeadoras, la identificación de alguna clase de enemigo
interno a culpar de todos los males de la sociedad, es el viejo manual de
Goebbels, para los aprendices de dictador. En Latinoamérica, y en Chile hemos
vivido en carne propia esos experimentos siniestros, y pese a eso hemos sabido
construir en la larga transición a la democracia una sociedad libre y plural.
Es algo raro
en el mundo, un atributo invaluable de nuestra democracia, que la alternancia
entre los sectores progresista y conservador, hasta ahora, haya permitido la
coexistencia pacífica de oficialistas y opositores. El primer año de un
gobierno bisoño lo expone a chascarros y errores de todo tipo, lo vimos antes y
lo vemos ahora. La difícil tarea de gobernar implica actuar con responsabilidad,
en las palabras y en los hechos. Confiar más en la experiencia que en los más
fanáticos de la barra brava. No ofender al adversario, no despreciar ni mucho
menos agraviar a los más humildes, destinatarios de toda política pública. Ser respetuoso
de las formas republicanas, conservar la dignidad de la función pública tanto
en el ejecutivo como en el parlamento. Y sobre todas las cosas, recordar la
naturaleza transitoria del cargo. Sólo parece que fue ayer, cuando eran otros
los que se instalaban imponiendo arrogantes los nuevos usos, y ya se fueron,
arrastrados por el viento electoral. Ser gobierno no es tener todas las
certezas y las verdades absolutas, eso sólo pasa en las autocracias, y no
queremos eso para Chile. A conformarse unos y otros que no serán amados por
todos, que la gente es impaciente y voluble, y el tiempo es muy corto.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 30 de marzo
2026.-
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