Esta semana se
conmemoró un nuevo Primero de Mayo, el Día Internacional de los trabajadores.
Como es tradicional por todo el mundo las organizaciones sindicales convocaron
a asambleas, marchas y actos artístico-culturales para honrar la memoria de los
mártires de Chicago. Los hechos que la
historiografía oficial intentó ocultar durante décadas, quedaron escritos con
letras de oro en la historia del movimiento obrero mundial. Tiene su origen en
la lucha de los trabajadores en contra de jornadas de trabajo interminables y
extenuantes, que agobiaban a hombres y mujeres por todo el mundo. Curiosamente
los hechos no se producen en Inglaterra cuna de la revolución industrial, donde
las condiciones inhumanas de explotación, fueron incluso inmortalizadas en la
literatura por Charles Dickens. Sino que el epicentro de la acción en pro de
las mejoras laborales fue en los Estados Unidos, primero a través de propuestas
legislativas presentadas a los partidos demócrata y republicano que fueron desechadas
por estos en 1884. La negativa del poder tradicional a atenuar las condiciones
de explotación en que vivían y morían millones de seres por todo el país,
obligó a los trabajadores a seguir el camino de la acción sindical y la
movilización. No podían continuar las jornadas de trabajo que impedían a
hombres y mujeres ver a sus hijos y familias con luz de día. Se anuncia que a
partir del 1º de mayo de 1886 no se trabajará más de ocho horas. Se preparan
folletos, mittines y periódicos. En todas partes los sindicatos trabajan con
entusiasmo por “8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 de recreación”. La
consigna encendió en los corazones y las mentes de los trabajadores de todo
Estados Unidos, se creía que a través de la movilización se iba a lograr
convencer a las empresas y a las autoridades, y cederían a las demandas. Pero
esto no fue así, y los trabajadores fueron reprimidos con fiereza por todo el
país, con saldo de heridos y muertos. En Milwaukee la jornada concluye con
descargas de fusilería sobre los manifestantes. La huelga se mantiene. El saldo
de cinco obreros muertos y más de cincuenta heridos, produce el efecto
contrario, el 4 de mayo se convoca a un mitin en la plaza Haymarket en Chicago
epicentro de la actividad industrial y sindical, un acto masivo termina con
golpizas, balaceras e incluso la detonación de un artefacto explosivo. Los
dirigentes y oradores en el acto fueron arrestados y acusados con falsos
testimonios, culpándolos de ser los autores directos de la violencia. En un
juicio lleno de irregularidades y actuaciones parciales de los jueces, ocho dirigentes
sindicales fueron condenados. Sus nombres
vivirán por siempre en la memoria del movimiento obrero. El 11 de noviembre de
1887, los periodistas August Spies, Albert Parsons, y Adolph Fischer; y el
Tipógrafo George Engel, fueron ahorcados. El carpintero Louis Lingg también
condenado a la horca, se suicidó en su celda antes de la ejecución. Los tres
restantes de los ocho de Chicago, condenados a presidio perpetuo, años después,
en 1893, fueron indultados por el gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, calificando
el juicio como injusto. Así recobraron su libertad el tipógrafo y
encuadernador, Michael Schwab, el obrero textil y pastor metodista Samuel
Fielden, y el vendedor Oscar Neebe.
Las últimas
palabras de los mártires de Chicago constituyen un baldón de vergüenza en la
historia de los Estados Unidos. Albert Parsons, dijo: “Si es necesario subiré a
la horca por los derechos del trabajo, la causa de la libertad y el
mejoramiento de la suerte de los oprimidos”. En tanto Adolf Fischer expresa
“Este mundo no me parece justo y batallo ahora muriendo para crear un mundo
justo”. George Engel dice “¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por
el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos
amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria”. August Spies
antes de morir profetiza “Con el tiempo nuestro silencio será más poderoso que
nuestras voces, que estrangula la muerte”.
Congresos de organizaciones
obreras en los Estados Unidos y por todo el mundo consagraron el primero de mayo
como una jornada de movilización por la jornada de las ocho horas. A medida que
la jornada de ocho horas fue conquistada por los trabajadores, el primero de
mayo pasó a conmemorar en todo el mundo la gesta de los mártires de Chicago, y constituye
hoy una fecha de recuerdo de las conquistas obreras, y también una fecha de
celebración de la organización de los trabajadores.
En Chile, al igual que en el
resto del mundo, las conquistas sociales, y los avances en mejores condiciones
de trabajo, han sido fruto de la lucha centenaria de los trabajadores. Desde
las salitreras en el norte grande, la minería del Cobre y del Carbón, hasta las
luchas sindicales que libraron los trabajadores de campo en la Patagonia. Ha
sido una constante de lucha y organización, la que ha ido construyendo peldaño
a peldaño, piso por piso, la base de derechos sociales que hoy tenemos. No ha sido
ni la bondad de un legislador magnánimo, ni la generosidad de los gobernantes
de distinto signo. Ha sido una construcción compartida por generaciones y
generaciones de hombres y mujeres, que pusieron por delante el bien común, el
bienestar social, por encima de cualquier pequeña ventaja individual.
La masa
multitudinaria de trabajadores y trabajadoras de Chile, jamás debe olvidar su
origen y destino. Por más adelantos técnicos y avances tecnológicos se
produzcan, seguirá existiendo por siempre el trabajador y trabajadora, como
creador de toda riqueza. El que funde el metal, el que captura los peces, el
que amasa el pan, están investidos de la misma dignidad que el oficinista, el
ingeniero o el arquitecto. Todos unidos en un mismo ideal de bienestar,
prosperidad y emancipación.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 4 de mayo de
2026.-