Las recientes cifras económicas
con un IPC de abril que llegó a 1,3% sumando 4% en el año, pone nuevamente a las
familias trabajadoras entre la espada y la pared. Restringir consumos, y
centrarse en la alimentación, sin espacio para otras compras, es la realidad
del común de los hogares. Impresiona no solo la falta de empatía, de la
autoridad económica, que ya no es noticia, sino el total desinterés por las
personas de carne y hueso, que mueven Chile cada día. Todo está centrado en una
visión ideológica, caduca, basada en axiomas cuestionados por economistas de
todos los ámbitos. Una especie de neoliberalismo mágico, la creencia ciega de
que liberando al capital de las regulaciones mínimas que hoy existen, se va a
desatar una fuerza que aumentará el empleo y el crecimiento económico. Como se
había comentado antes, no sólo el progresismo ha criticado la reforma
tributaria pro gran empresa, también lo hizo con claridad esta semana el
Consejo Fiscal Autónomo. Entidad creada durante el gobierno del difunto
presidente Piñera, para entregar a las autoridades de gobierno, una mirada técnica,
independiente, de las políticas económicas. La entidad como su nombre lo indica
goza de autonomía en sus decisiones, y está integrada por economistas de fuste.
El Banco Central a su vez, advirtió de los efectos de la alta inflación, uno
directo será que el Banco interrumpe las revisiones a la baja de la tasa de
interés. Tendencia iniciada a fines del año 2025 para promover una mayor
expansión de la economía. Lo más probable ahora es que la próxima revisión sea
al alza, y con ellos se incrementará más aun el crédito para hogares y
personas.
En las oficinas de Hacienda, en
Teatinos 120, se tiene la mirada puesta no en el Chile de hoy, que lucha para
llegar a fin de mes, sino en un futuro de ensueño que llegaría allá por 2031,
cuando estas autoridades ya no estarán en sus cargos. La promesa hecha y
repetida con una convicción férrea, es que las rebajas de impuestos a la gran
empresa (léase, a los más ricos), sin compensación, incrementarán la producción
de bienes y servicios, y esto permitirá al estado recaudar más impuestos. Una
afirmación carente de evidencia técnica que la sostenga, sin experiencias
comparadas que puedan sustentarla. Es altamente improbable que esta promesa se
cumpla. Y en el caso de que se produzca un aumento en el crecimiento, la magnitud
de este difícilmente va a cubrir los ingresos que el estado dejo de percibir, por
la generosa rebaja de impuestos al gran capital.
Hasta la Corte Suprema hizo sus
alcances sobre todo en materia medio ambiental. En este escenario, se pretende
forzar la votación en sala de la Cámara de Diputados, sin discusión alguna. Tal
como se efectuó en la comisión de Hacienda, donde se dieron situaciones
bochornosas. Por el otro lado, en una mala cuña, diputados de oposición habrían
advertido de que harían un gran número de indicaciones al proyecto de ley. Y
cómo ahora la política es show estilo “Sin filtros”, del oficialismo salieron
en masa a criticar el obstruccionismo, y el tsunami legislativo, poco faltó que
dijeran que los parlamentarios opositores eran traidores o vende patrias.
Epítetos con que se denostaba a opositores en la dictadura civil militar. Pero
como ahora nadie se anda con chicas, el hombre fuerte de teatinos 120 -el
ministro más fuerte del gabinete, según la prensa afín-, salió a calmar a los
inversionistas y a los actores del mercado dijo: “Si se rechaza el proyecto,
podemos gobernar por decreto”. Como será de deschavetado el argumento, que el
ex ministro de Hacienda Larraín, que no es ningún socialista, salió a decir que
una reforma tributaria no se puede aprobar por decreto.
En el ínterin ha vuelto a escena,
el eterno candidato, el migrante Parisi. Hoy recogiendo unos minutos de
atención de los medios, como el virtual aportante de los tres votos que le faltan
a Hacienda para aprobar su engendro en la Cámara. La decisión de hacerlo o no,
sería una diferencia de pañales y medicamentos. Insumos archi necesarios, por
cierto, pero que son una bagatela, un paquete de cabritas, al lado del regalo
tributario a los más ricos. Así lo han dicho los ex ministros de Hacienda del
progresismo, personajes otrora poco queridos, por tacaños y amarretes, y que
hoy parecen brillar con sus sólidos argumentos técnicos, frente a las consignas
sin ton ni son, que surgen de Hacienda.
Figuras del propio sector
conservador han llamado al gobierno a buscar un acuerdo con el progresismo,
sectores políticos con experiencia y consistencia, que otorgarían mayor estabilidad
a la reforma tributaria. Pero, por otro lado, están los fanáticos y vociferantes
que insisten en que para eso ganaron, y la votación de segunda vuelta les daría
el respaldo.
Este último punto es interesante
porque revela una forma de pensamiento con tendencia totalizante, que se ha
apreciado en los dos extremos políticos. La primera convención constituyente
fue donde medraron quienes pretendieron imponer agendas particulares de grupo a
un país completo, fundado en el apoyo electoral inicial. La derrota de ese proyecto
en el primer plebiscito, y el resultado electoral del sector ultra conservador
en la elección de la nueva convención, dio la oportunidad al otro polo extremo.
Y todos sabemos que es lo que pasó, arruinaron.
Las dos presidenciales pasadas
también muestran una peligrosa tendencia de asumir que existe respaldo absoluto
y unánime a agendas particulares y de grupo, que, en estricto rigor, obtuvieron
un apoyo discreto en primera vuelta. Gabriel Boric obtuvo 25,81% en 2021 y José
Antonio Kast 23,96% en 2025. Ambos presidentes sumaron el apoyo de otros
electores, votos prestados -podríamos llamarlos-, que les sirvieron para
imponerse con claridad en las respectivas segundas vueltas. Lamentablemente,
tanto en el inicio de la administración progresista como en el inicio de la
administración conservadora, los sectores más extremos de ambos bandos se tomaron
la agenda. Una interpretación sesgada y a conveniencia de sectores que no
constituían en 2022, ni constituyen en 2026, una mayoría social, cultural y política.
En el gobierno de Boric, la procesión fue breve y rápidamente se hizo los
ajustes de gabinete necesarios. Aunque el rumbo del gobierno mantuvo por cuatro
años las diferencias entre las dos almas de Apruebo dignidad y el Socialismo
Democrático. En la actual administración un núcleo duro asociado a una visión
neoliberal extrema, ha asumido que la adhesión mayoritaria del país, es a la agenda
ultra conservadora. El choque contra la realidad cotidiana aún no produce el
saludable efecto de darse cuenta. El otrora sector de centro derecha, o “derechita
cobarde”, en la jerga ultrona, ha advertido de los riesgos de ir contra el
mínimo sentido común. Reapareció doña Evelyn, dándose un festín con la ensalada
de medidas que lleva la ley miscelánea. Otros reiteran el llamado al diálogo
con la oposición. Pero no se oye padre. El sector predominante en la
administración está imbuido de una fe a toda prueba de la bondad de sus
propuestas. Que por algo le dieron el triunfo en segunda vuelta, que era eso lo
que la gente quería, que siempre dijeron que iba a ser un cambio radical.
Esperamos que pronto se den cuenta
en la cúpula de gobierno que imponer medidas impopulares, por una magra mayoría
parlamentaria es pan para hoy y hambre para mañana. Ni siquiera a los conspicuos
empresarios que se pretende beneficiar, les conviene comprar una rebaja de
impuestos, y pagarla con inestabilidad social y política.
Los errores cometidos durante la
administración anterior inducidos por una mirada equivocada de la adhesión
ciudadana, se vuelven a cometer hoy por quienes moran en el otro polo político.
Pero no existe otra forma de gobernar que garantice estabilidad y progreso, que
la que se construye en base al dialogo y a los acuerdos. Los vecinos de a pie,
las familias trabajadoras y la ciudadanía toda están esperando.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 11 de mayo
2026.
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