domingo, 22 de marzo de 2020

LA ORDEN DEL DIA: RESPONSABILIDAD



              El tiempo que nos toca vivir, no tiene parangón. La inmediatez en las comunicaciones, que nos permiten saber lo que pasa en todas partes, en tiempo real. La facilidad y costo asequible del transporte, aún a los lugares mas recónditos, nos ha convertido en verdaderos vecinos de la aldea global. Esta misma cercanía y facilidad de desplazamiento, ha permitido que el Coronavirus, llegara a Puerto Williams, muy distante de su origen en  Wuhan, China. Escenas de dolor indescriptible, por los miles de fallecidos se vivieron en China, y se han vivido en España e Italia, quizás los lugares mas golpeados. Un familiar me contaba que en algunos pueblos de Lombardía, los féretros hacen fila varias cuadras, esperando ser enterrados en el cementerio que no da abasto.

              En Chile, hasta hace un par de semanas atrás, nadie se preocupaba del Covid19, el Coronavirus. Nos ha costado asumir la realidad, la crudeza de esta verdadera amenaza a nuestra existencia. Estimaciones del ministerio de salud, en un escenario más negativo, cifran en varios miles de víctimas fatales en Chile. Algo que muchos aún se niegan a aceptar. Se ha dicho en todos los tonos, que para cuidar nuestra vida y la de nuestros seres queridos, debemos cumplir las siguientes Indicaciones: Quedarse en casa; no dar la mano ni saludos de beso; guardar distancia mínima de un metro; lavarse las manos con agua y jabón con frecuencia; estornudar tapándose la boca con el antebrazo. Aún así, hasta hace unos días atrás, se veía en distintas ciudades gente saliendo a divertirse, como si estuviera de vacaciones. Esto mismo pasó hace un par de meses atrás en Italia, y hoy los jóvenes entierran a sus padres y abuelos. El actuar inconsciente se da en todas partes. En Chile, personas diagnosticadas con Coronavirus, abordaron aviones, y buses, atravesando el país, y reuniéndose con decenas de personas. Esto ha obligado a adoptar crecientemente, medidas mas restrictivas. La declaración del estado de excepción constitucional, de Catástrofe, obliga a todos, incluso a los mas remolones, a tomarse en serio esta crisis.

Hoy sabemos como ha afectado a la economía de otros países, el Coronavirus, el primer sector en caer fue el sector turismo. Balnearios tradicionales de la Riviera Maya, se encuentran desiertos, y varias cadenas de hoteles declarándose en quiebra. Las líneas aéreas, incluso las más importantes, están pidiendo ayuda a sus países, para evitar la bancarrota y el despido de cientos de miles de trabajadores.

No es momento de discursos de campaña, ni de fotos de candidatos. No es tiempo de sacar ventajas infames de los errores del gobierno. Sin duda, que esta administración ha cometido errores en todas las áreas, pero en el momento que vivimos, tenemos la obligación de acatar y respaldar las medidas sanitarias y de orden público que se han adoptado. De pronto nos llenamos de expertos en temas pulmonares,  todos difunden en la TV sus recetas infalibles. Ha habido quienes enseñan a preparar alcohol gel casero, con el riesgo grave para la salud de las personas, y el riesgo enorme de incendio. No es momento de ponerse originales, hay que acatar las instrucciones, y salvar la vida.

No seremos inmunes al impacto económico de la crisis. Tal vez tengamos suerte y no seamos infectados por el Coronavirus, pero el riesgo de la pérdida del empleo es alto. Que escasee el dinero, en tiempos de crisis, agrava mas aun la propia crisis. El país requiere que se mantengan los ingresos, un nivel mínimo de consumo de las personas, para que la actividad comercial, la industria, el transporte.

Las medidas anunciadas extraordinariamente por el ministro de Hacienda, van en el sentido correcto. Sin embargo es urgente que se incluya, un plan de rescate que permita mantener las fuentes de trabajo. Que las personas puedan guardar cuarentena en sus casas, y conservar sus empleos, y el pago de sus remuneraciones. No sólo para la micro y pequeña empresa. Los trabajadores chilenos, no pueden pagar la crisis económica, no puede ser responsables de lo imprevisto e imprevisible. Ningún empleador puede mantener los pagos de sus trabajadores, sin percibir ingresos. Debe generarse un plan integral que permita mantener, al menos por 90  días a la planilla completa de trabajadores.

Nos vamos a gastar casi 4 puntos del PIB en las medidas anunciadas por el gobierno, podemos hacer más para defender a los trabajadores y sus fuentes de trabajo. En la crisis bancaria del 82’, el estado  desembolsó el equivalente a un 35% del PIB. No sólo se puede, sino que se debe hacer un esfuerzo mayor para salvar a  mas de 9 millones de trabajadores.

La banca privada también debe hacer un aporte a la recuperación de la economía de los hogares. Con los recursos de todos fueron rescatados de la debacle de los años ochenta, y luego se han desarrollado y crecido, gracias a las acciones compradas con los fondos de pensiones. Es de toda justicia, que lancen un plan de rescate de hogares y empresas, hace falta mayor proactividad.

Sin duda que hay mucho trabajo por delante. Por de pronto, todos quienes puedan trabajar a distancia, deben hacerlo, existen las plataformas informáticas que lo permiten. Otros serán los trabajos indispensables para asegurar el abastecimiento de alimentos, medicamentos, combustible, y otros servicios de primera necesidad, que deberán seguir funcionando con turnos extraordinarios. Para que el grueso de la población se mantenga en cuarentena total en sus casas, existen servicios de primera necesidad que deberán seguir funcionando, así como los que aseguran la conectividad y el transporte de suministros y alimentos.

Los trabajadores necesitan conservar sus empleos para poder cuidar y proteger a sus familias. Mas allá de consignas y panfletos, son los trabajadores y trabajadoras los creadores de toda riqueza, y debe valorarse su aporte al desarrollo de la región y del país. Este esfuerzo colectivo para salir adelante, exige a todas las autoridades el compromiso y la voluntad, de resolver los problemas, de ser flexibles y proactivos para evitar escollos y burocracias.

La orden del día, es actuar con responsabilidad, quedarnos en casa, y trabajar de todas las formas posibles, para que podamos cantar victoria, para que podamos seguir viviendo.


domingo, 15 de marzo de 2020

POR LA VIDA




La situación que vive nuestro país, a propósito de la pandemia del Coronavirus, nos sorprende en medio de un clima de crispación social, pocas veces visto.  El riesgo de contagio es real, los casos se multiplican con rapidez, en países con mejor infraestructura sanitaria que Chile. Al comienzo, algunos sugirieron que era un invento del gobierno para sacar a la gente de las calles. A ese extremo se ha llegado en el descrédito y la desconfianza. Nos ha llegado esta prueba de coraje, de responsabilidad, de disciplina, a todos nosotros, sin excepción. La enfermedad, así como la muerte, no distingue colores políticos, ni los centavos acumulados. En tiempos en que algunos, que no vivieron el horror, dicen que “la alegría nunca llegó”, y que esto no es democracia, viene el COVID19, y nos pone a todos en el mismo saco.

Qué mejor aprendizaje de vida, que estar obligados a enfrentar todos juntos, un peligro que amenaza a quienes más amamos. De pronto resultan fútiles hasta las consignas más encendidas. No es que todo lo avanzado desde octubre, haya que desecharlo. Por el contrario, creo que Chile necesitaba  recuperar un sentido de unidad, que ninguna corriente política, representa. Un sentido de pertenencia a una comunidad, que se alcanza, no desde el odio, desde el resentimiento, sino desde el amor.

En estos días partió a los cielos, luego de una larga y pacífica despedida, el  Padre Mariano Puga, llamado “El cura obrero”, por una vida de entrega a los más humildes y desposeídos. Escuchar sus últimas entrevistas, es un obsequio en estos días. “Chile despertó de la somnolencia en la que estaba. Ahora podemos ser verdaderamente un pueblo, donde los hermanos de norte abracen a sus hermanos del sur, donde se abrace al hermano mapuche, al de las minorías sexuales. Donde el hermano desvalido abrace a su hermano poderoso”. Una vida pletórica en enseñanzas, en ejemplos, haciendo carne las enseñanzas de Jesús.

Si la aldea completa está amenazada por el fuego, seguiremos disputando quien de la tribu, está mas preparado para dirigir? O nos pondremos  juntos a defender lo que nos pertenece a todos? . Chile no va a volver a ser el mismo, no volveremos atrás en el tiempo. Si tenemos esperanza de un futuro mejor, tenemos que ponernos manos a la obra, sin distinciones de ningún tipo.

Vamos a cuidarnos y a cuidar del otro. No existe otra salida. La vida nos enseña eso, una vez más, somos una gran familia. Disfuncional a veces, pero seguimos perteneciendo a la misma especie, habitando un mismo territorio, compartiendo sueños, ricos, diversos. No existen atajos para que la vida sea mas fácil, tampoco para alcanzar los grandes objetivos, las grandes metas como sociedad. Quien diga lo contrario, está mintiendo. No es una asonada callejera, ni mucho menos un cuartelazo, lo que solucionará nuestros problemas. Necesitamos con urgencia, volver a mirarnos, así como nos vio el Padre Mariano, no como ángeles, ni como santos, ni siquiera como miembros de una misma iglesia. Vernos como hermanos, que compartimos y compartiremos un mismo destino.

Tenemos un gran desafío por delante, es inmediato, urgente. Adoptar todas las medidas necesarias para prevenir el contagio del Coronavirus. No es momento de sacar pequeñas ventajas políticas. Ni de Sacar réditos del enésimo error ministerial, o del millonésimo chascarro presidencial. Es el momento del verdadero patriotismo, amor por el pueblo, conciencia de clase, o espíritu cristiano, como quieran llamarle.
Debemos concentrar todas nuestras fuerzas en controlar la pandemia. Es el momento de la verdadera unidad social y política de Chile, para defender la vida. No es el momento de enfrentar posiciones, es momento de tomar decisiones con seriedad  y responsabilidad. Postergar el plebiscito constitucional desde el 26 de abril, a octubre de 2020, es una decisión que debemos tomar en conjunto como sociedad, para enfrentar todos juntos el Coronavirus.

Si logramos librar con éxito esta batalla, estaremos preparados para construir un mejor Chile. Sólo con un baño de amor por los otros, de solidaridad y de confianza, podremos sentar las bases de una nueva convivencia.

La felicidad, finalmente es el verdadero objetivo de nuestras vidas. No hay dinero que la compre, ni candidato que la garantice.  Estoy convencido, que velando ahora por el bienestar de nuestros seres queridos, protegiendo a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros trabajadores,  a nuestros jefes, estaremos aportando esa cuota de generosidad, de altruismo, que Chile necesita, para re encontrarse con lo mejor de sí mismo.

Ernesto Sepúlveda Tornero


domingo, 8 de marzo de 2020

VAMOS AL PLEBISCITO



Nos acercamos con rapidez a lo que sin lugar a dudas, va a ser uno de los hitos mas importante del presente siglo en Chile. El plebiscito donde resolveremos si queremos una nueva constitución, nacida en democracia. Es, como lo hemos venido diciendo semana a semana, probablemente el acto de mayor importancia en el que nos tocará participar como ciudadanos.

Sin embargo, da la impresión de que algunas personas se niegan a reconocer la magnitud de este paso. Se puede apreciar en redes sociales, y también en algunos medios de prensa, quienes tienen el foco puesto por un lado en los desmanes y actos vandálicos. Que constituyen un residuo no deseado de las manifestaciones sociales, pacíficas, y transversales que han ocurrido en todo Chile. Y por otro lado, quienes tienen el foco puesto en los excesos cometidos por una policía militarizada, que ha cometido violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

El estallido social de octubre de 2019, para algunos constituye una verdadera rebelión popular, una especie de asalto al poder, de las fuerzas populares no representadas por ningún partido. Para quienes creen esto, la violencia, la destrucción y el vandalismo, se explicaría por las condiciones de desigualdad existentes.  

Parte de la oposición política aparece capturada por un discurso ochentero, que pretende justificar el uso de todos las formas de lucha, como fue en el combate a la dictadura. Desde luego, existe un grupo, afortunadamente reducido, que justifica hasta los ataques a iglesias, a cementerios y a monumentos.

Esta dinámica, enfrenta a los extremos. Un incipiente movimiento de corte fascista, incluso aparece en desfiles de la campaña del rechazo. Sujetos premunidos de cascos, garrotes y manoplas. Portando banderas tan lejanas al ideal patrio, como las viejas banderas confederadas. Nos referimos a las que representaban al Sur de Estados Unidos en su guerra civil. Hoy es símbolo de los supremacistas blancos, y del racismo.

Numerosas personalidades políticas, han intentado llamar a la calma, a la moderación, a la paz. Como requisito para efectuar un plebiscito, y un eventual proceso constituyente ejemplar. Al menos dos cartas se han publicitado ampliamente. Una de ellas suscrita por figuras, de la extinta concertación de partidos por la democracia. Luego otra suscrita por figuras también de oposición, en que tratan de marcar distancia con la anterior, a la que tildan de “elitista”.

Es así, como quienes han dedicado su vida a la política, que hoy  tienen su credibilidad por los suelos, han desperdiciado la oportunidad, de recuperar algo de la confianza pública. El momento de la unidad, de hacer gestos concretos por el bien de todo Chile, se desperdicia, en pequeñas rencillas, de quien de ellos verdaderamente representa al pueblo.

Y esa es la gran interrogante que debemos responder. El Servicio eletoral,  ha informado que se encuentran habilitados para votar, 14 millones 753 mil personas. Es imprescindible incrementar la participación electoral. Es muy posible que la impopularidad del gobierno y de todo el sistema político, provenga también de la baja participación. Hace  dos años efectuamos elecciones presidenciales y parlamentarias, en noviembre de 2017 en que votaron sólo  6 millones de personas, menos del 50% del electorado.

El desinterés en la democracia, el poco aprecio por las instituciones, no sólo es por falta de educación cívica, es por falta de formación valórica, es una falta también de las familias. Dejar a terceros que se encarguen de la cosa pública, la privatización de las decisiones que afectan a la sociedad toda, está entre otros muchos factores, en la génesis del descontento social.

A quien podemos culpar, si el reconocimiento de derechos sociales, requiere participación electoral, y esta no se produce? Estamos en un escenario favorable al nacimiento de liderazgos populistas, de derecha y de izquierda. El populismo induce a pensar a las personas de que existen atajos para resolver los problemas. Es una trampa de la que son presa fácil los mas necesitados, los mas desesperados, y las personas con menor capital cultural. Osea, los más pobres.

Por lo anterior, grupos radicalizados de derecha e izquierda defienden el uso de la fuerza, el recurso a la violencia. Sea, como una supuesta expresión de descontento social. Donde se justifica  los saqueos, la destrucción de mobiliario urbano, el ataque a iglesias y cementerios, culpando a la rabia por la desigualdad. O sea, como fuerza y violencia ejercida sobre individuos, justificando incluso las violaciones a los derechos humanos, cuando esta fuerza proviene de la fuerza pública. Y también recientemente, de grupos de choque fascistas.

El único modo que tenemos los ciudadanos comunes y silvestres, es ejercer nuestro derecho a voto. Nuestro derecho a dar nuestra opinión. La defensa de lo que hemos construido, entre todos, como sociedad, nos corresponde también a todos. No a un grupo de iluminados, ni tampoco a las figuras de siempre en la política.  Los ciudadanos podemos y debemos rechazar a los grupos extremos, que pretenden sacar provecho, de la destrucción y el caos. Aislar a esos individuos es imprescindible para que podamos efectuar un plebiscito masivo y pacífico.

Con compromiso y trabajo, podemos tener  justicia social,  paz y crecimiento económico, que nos lleve al desarrollo.

domingo, 1 de marzo de 2020

UN CORAZÓN QUE ESCUCHA




En el mundo antiguo, el paradigma del rey sabio,  es el rey Salomón, aquel hijo del rey David, cuyo reinado fue conocido por su riqueza y magnificencia. Hasta la reina de Saba, admiró las maravillas exhibidas en las calles de Jerusalén, obra de Salomón. En el texto bíblico, libro de Reyes, capítulo 3, versículos del 1 al 15, se relata que el joven Salomón, que tendría unos 22 años, tuvo en sueños, un encuentro con Dios.  Aquella noche el Señor se apareció en sueños a Salomón, y le dijo: pídeme lo que deseas que te dé”. Ante esta oportunidad única y maravillosa, Salomón responde: “Concede pues a tu siervo un lev shomea ( un corazón atento, un corazón que escucha) para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal".

 Ante esta petición, el texto bíblico consigna que la respuesta del Señor fue: “Te concedo pues, un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti..."

Y qué relación tiene el rey Salomón con nosotros en Chile. Conversando con una hermana mía, que es religiosa, me hizo el comentario de esta frase “Dame un Lev Shomea”, dame un corazón que escucha. La relación con nuestra situación en Chile, resulta evidente Cuantos de nosotros desde el denominado “Estallido social”, no hemos hecho sino reafirmar nuestros juicios, nuestras convicciones, aunque se basen en evidencias erróneas o inexistentes. Cuantos hemos preferido repetir las consignas de nuestro círculo social, de nuestro entorno, que darnos tiempo de escuchar con el corazón.

Un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Cuanto de esto le ha faltado a nuestros gobernantes. Al presidente, a los parlamentarios de lado y lado, y a todos los que ejercen el poder económico y social.

Cuanto de esta escucha debemos activar en nuestro circulo inmediato con nuestra familia y amigos. Encerrados en ghetos, entre cuatro paredes, con toda clase de medidas de seguridad. Más preocupados de cuidar los objetos materiales que nuestra propia felicidad.

La insatisfacción, la rabia y la impotencia, que sienten millones de compatriotas a lo largo y ancho de Chile, no se aplaca dando rienda suelta a los instintos primarios, a la violencia, a la destrucción. Mientras más se destroza el mobiliario urbano, la infraestructura básica de la ciudad, destinada a servir a todos por igual. Más se destroza ese frágil tejido que nos une a moros y cristianos, a frailes y a jueces, a soldados y a obreros, a estudiantes y oficinistas, a pescadores y arrieros.

Dame un LEV SHOMEA, un corazón que escucha. No sólo el clamor de los que salen a la calle todos los viernes a manifestar su descontento. Sino también, y en forma especial el murmullo, la voz callada, de los ocho millones de trabajadores que siguen cumpliendo con sus labores, para que el resto pueda hacer su vida normal. Tener un corazón que escucha, también significa escuchar a todos. No sólo a los que me aplauden, sino que con el mayor interés a los que piensan distinto.

De seguro que no ha surgido otro corazón sabio e inteligente como el del rey Salomón. Tal vez lo nuestro sea sólo el escuchar. Vivimos en los confines del planeta, tratando de remontar una cuesta demasiado larga y demasiado empinada para hacerla solos. Qué oportunidad más propicia tenemos ahora, ni más ni menos, que poder decidir todos juntos nuestro rumbo futuro. Es el momento de escuchar, el momento de comprender.

Si escuchas a alguien pidiendo paz, no le juzgues en demasía. Pedir paz no es transigir frente a la injusticia, o renunciar ante el malvado. Pedir paz, es buscar el espacio para que podamos escucharnos.

De ningún edificio en llamas, estación de metro destruida, ni comercio vandalizado, va a surgir la solución de nuestros problemas. El enfrentamiento callejero  no altera en lo más mínimo el funcionamiento del complejo financiero que controla el planeta. Lo de verdad revolucionario, lo que de verdad va a conmover las entrañas de la sociedad, es la determinación, la decisión de las grandes mayorías, que en forma pacífica se va a pronunciar en el plebiscito del 26 de abril.

Dame un corazón que escucha, dame un LEV SHOMEA.


Ernesto Sepúlveda Tornero

Lunes, 2 de marzo de 2020.-



domingo, 23 de febrero de 2020

UN DESTINO COMÚN



Antes de que se cumpliera siquiera un mes, desde el reventón social, ya había ilustres intelectuales chilenos que habían publicado libros sobre el fenómeno. Así de rápido se han hecho los análisis y sacado las conclusiones. Lo cierto es que todos saben, o han acordado saber, que el 18 de octubre de 2019, cayó la gota que rebalsó el vaso. Todos saben cuando empezó esta escalada de movilizaciones, pero nadie sabe cuando terminarán.

Lo que fue pacífico o casi pacífico al comienzo, que fue masivo, festivo a ratos, fue dejando paso a escenas de pillaje, vandalismo y destrucción pocas veces vistas en Chile. El listado de demandas sociales encabezado por pensiones, salud y salarios, dio paso a un listado mas amplio, variopinto, diverso. De pronto se pasaba cuenta de todos los pendientes de la eterna transición a la democracia. De la incapacidad del gobierno para controlar el orden público, pasamos a la conducta pusilánime de la clase política, que desbordada totalmente, trataba de sumarse a la ola de demandas sociales. Personajes que han protagonizado la política del país, los últimos 30 años, figuraron rasgando vestiduras, con caras compungidas, hablando sobre la desigualdad.

Tanta hipocresía no les ha dado rédito alguno. Forzados por las circunstancias, de una asonada callejera que amenazaba la estabilidad del gobierno y de las instituciones, tuvieron que suscribir un pacto para llegar a un plebiscito en abril de este año. Obligados por el descrédito mas absoluto, los parlamentarios debieron aprobar leyes que reducen sus cuantiosas dietas, y otra que fija un límite a la reelección. Ambos proyectos fueron aprobados, en medio de aplausos de los mismos parlamentarios, pero aún falta su ratificación en la sala del Senado. Si efectivamente se transforma en ley el límite a la re elección, políticos muy conocidos  dirían  adiós al Congreso. Sólo a título ejemplar, estarían despidiéndose del senado, en 2022:  Juan Pablo Letelier,  Gido Girardi,  Andres Allamand,  Carlos Bianchi, Alejandro Navarro, Jorge Pizarro, Víctor Pérez.

Se avizoran presiones de los afectados para dilatar su deceso parlamentario, pero se espera que la opinión pública esté muy pendiente de esta materia.

Vamos para los 4 meses de movilizaciones, en las ciudades más grandes del país, se ha convertido prácticamente  un hábito. El deterioro del espacio público en estas ciudades, salta a la vista, con sólo recorrer las calles del centro. Ciudades tranquilas y bien mantenidas, como las del sur austral, tampoco se han librado de vandalismo, de la destrucción, incendios, rayados con insultos y obscenidades.

Quienes hicieron de la política un oficio, quienes se hicieron fuertes y poderosos en ella, ahora callan. Las voces sensatas que antes llamaban a la moderación, que llamaban al encuentro entre ciudadanos, entre compatriotas, entre hermanos, hoy callan. Se teme a la respuesta violenta de quienes medran en las redes sociales. Esta actitud de cobardía, cuando no de complicidad interesada, la hemos visto en todo el espectro político. Es la glorificación de la protesta violenta, se rinden loas y alabanzas al que oculto en el anonimato de la multitud, quiebra los vidrios de museos o profana tumbas.

Nadie se arriesga a decir lo que el grupo más radical no quiere oír. Mientras 8 millones de chilenos continúan yendo todos los días a sus trabajos. Llegando como pueden por la destrucción de paraderos, y estaciones de metro. Ellos, los sujetos cuya vida sacrificada, y llena de privaciones, ha sido la justificación del estallido social, han visto afectada su ya difícil existencia. En las grandes ciudades la vandalización de supermercados, de pequeños comercios, de farmacias, de oficinas, ha significado la pérdida de empleos, pero también el deterioro de los barrios. La destrucción de luminarias, de semáforos y de cámaras de seguridad, y rayados e insultos en las fachadas de modestas casas particulares, afecta la vida misma de quienes debieran ser la principal preocupación, en el nuevo Chile.

Existe una lección que aprender acá. No existe ningún atajo para lograr el desarrollo económico. No existe ninguna posibilidad de construir una sociedad prospera e inclusiva, sin crecimiento económico. No se logra el crecimiento económico, sin orden público y estabilidad en las instituciones.

Estamos como país en un punto de inflexión, lo que los economistas llaman “la trampa de los países de ingresos medios”. Para salir de este bache, y poder saltar al desarrollo, se requiere de un gran acuerdo, de un gran consenso social y político. Esa es ni más ni menos, la oportunidad que tenemos por delante. La posibilidad de acordar las condiciones en que nos desarrollaremos como país. La discusión constituyente, no es un mero ejercicio para abogados o juristas, es la oportunidad de que fijemos el rumbo, que miremos por primera vez en nuestra historia republicana, a Chile, como un espacio que construimos todos juntos.

Y todos juntos, significa el encuentro con quienes piensan distinto a nosotros, un encuentro que requiere paz, requiere orden público y requiere instituciones funcionando. Incluido el congreso y el presidente de la República, Eso es lo que le debemos a quienes han quedado a la vera del camino a lo largo de la historia. Abrir espacios, abrir sendas y tender puentes, todos los necesarios, para que  nadie quede atrás, y lleguemos juntos a nuestro destino común.




domingo, 16 de febrero de 2020

FUERZAS ARMADAS Y NUEVA CONSTITUCIÓN



El Artículo 101 de la Constitución política del estado, señala: “… las Fuerzas Armadas están constituidas única y exclusivamente por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Existen para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional. En tanto, respecto de las fuerzas de orden y seguridad, dice que “están integradas sólo por Carabineros e Investigaciones. Constituyen la fuerza pública y existen para dar eficacia al derecho, garantizar el orden público y la seguridad pública interior, en la forma que lo determinen sus respectivas leyes orgánicas. Dependen del Ministerio encargado de la Seguridad Pública.”


     “Las Fuerzas Armadas y Carabineros, como cuerpos armados, son esencialmente obedientes y no deliberantes. Las fuerzas dependientes de los Ministerios encargados de la Defensa Nacional y de la Seguridad Pública son, además, profesionales, jerarquizadas y disciplinadas”.

              Desde octubre de 2019,  en todo Chile, se produjeron manifestaciones de descontento social, marchas, caceroleos, bocinazos, expresiones pacíficas del denominado “estallido social”. Sin embargo como un producto residual de estas manifestaciones, como un efecto no deseado, se produjeron también en todo Chile, acciones de violencia,  desmanes, vandalismo, saqueos e incendio de comercios, oficinas, atentados en contra de iglesias y profanación de tumbas y monumentos.

              El llamado a expresarse pacíficamente, no ha sido escuchado por grupos minoritarios, que persisten en una suerte de acción directa, que no distingue ni discrimina sus objetivos. Han terminado dañando mobiliario público, e infraestructura urbana, que es usada a diario por millones de trabajadores, para ir a sus trabajos y a sus casas.

              El rol que las autoridades de gobierno han pretendido que asuman las fuerzas armadas, en un primer momento, con la declaración de estado de excepción constitucional. Demostró el riesgo que eso implica tanto para la sociedad civil, como para los integrantes de los cuerpos armados, que existen “para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional”.

              Con más de 110 días de refriegas constantes en las calles, el saldo de fallecidos, heridos graves, y detenidos, ensombrece la historia de esta movilización social. Y ha afectado gravemente la imagen pública del gobierno, que se hunde en las encuestas de opinión. La imagen internacional del país, sufre con 4 informes de organismos internacionales, que condenan las violaciones a los DDHH perpetradas por agentes del estado. Se sindica a Carabineros de Chile, como la principal entidad pública que ha cometido estos actos, derivado de excesos en el uso de la fuerza, como por no cumplir los protocolos de control de disturbios. Se trata de la institución que junto a la Policía de Investigaciones, según la constitución “Constituyen la fuerza pública y existen para dar eficacia al derecho, garantizar el orden público y la seguridad pública interior”.

Se acerca a pasos agigantados el plebiscito constituyente. La instancia en la que con un lápiz y un papel, sin miedo y sin violencia, resolveremos si queremos una nueva constitución, y si queremos se elabore en una Convención constituyente. Mixta, o elegida íntegramente por votación popular. Las discusiones acerca de los contenidos de que podría tener una nueva constitución política,  ya comienzan a darse. Tanto en medios académicos, organizaciones gremiales, Juntas de vecinos, y empresas.

Un tema ineludible, en estas discusiones preliminares ha sido las atribuciones y facultades que el constituyente entregará a entidades tan importantes, y con tan distinta naturaleza, como es el Banco Central, el Tribunal Constitucional y  las fuerzas armadas.

Sucede que para muchos, la transición a la democracia, recién concluiría, con una nueva constitución política del estado, donde se aborde directamente estas instituciones. Ya que dentro de las cuarenta reformas constitucionales que se hicieron desde 1990, prácticamente no tocaron a las fuerzas armadas. Con timidez, cuando no con temor, los gobiernos democráticos avanzaron en temas como la posibilidad de que el presidente de la república, pueda llamar a retiro a los comandantes en jefe y al general director de Carabineros. Asimismo, y  casi 30 años después se logró modificar la denominada, “Ley reservada del cobre”, que establecía el sistema de financiamiento de las fuerzas armadas, el famoso 10 % de las ventas de Codelco. Que le entregó cifras ingentes de dinero a los institutos armados.

Los escándalos descubiertos en el ejército y en carabineros de Chile, conocidos como “Milico gate”, y “Paco gate”, no hicieron sino ratificar que hasta el día de hoy, el poder civil ejerce un control casi inexistente sobre el poder militar. O dicho de otro modo, los controles existentes  se han comprobado ineficaces, para velar por el respeto del interés nacional.

Una sociedad democrática moderna, debe contar con instituciones armadas, altamente profesionalizadas, sujetas de manera irrestricta a la constitución y a la ley. Por ello es de vital importancia, que la sociedad civil, se interiorice de las regulaciones que han fallado, y porque no decirlo, discuta acerca del rol que se espera de las fuerzas armadas en el Chile del siglo XXI.

Una formación académica rigurosa, no sólo para el cuerpo de oficiales, valores, ética, respeto absoluto a los derechos humanos. Para contar con dotaciones incorporadas a la dinámica de un país que aspira al desarrollo.

Es vital mantener y fortalecer, la colaboración y el apoyo de las fuerzas armadas, a las actividades productivas de zonas extremas. La actividad económica que se realiza en lugares de geografía o condiciones meteorológicas extremas, muchas veces requiere del apoyo logístico de las fuerzas armadas. También es importante mantener y dinamizar la actividad de divisiones, como el cuerpo militar de trabajo.

Un aspecto a discutir de manera prioritaria, en la nueva constitución, deberá ser la  de circunscribir a las fuerzas armadas a su rol específico, y no sobrecargarlas de tareas administrativas. La incidencia de decisiones de la burocracia militar, es gravitante sobre la actividad económica, sobre todo en las zonas extremas.

La sociedad civil requiere optimizar los procesos, reducir tiempos de tramitación, eliminar burocracia. Los conflictos entre particulares y los institutos armados, son de difícil solución. Normalmente terminan en tribunales, debido a la infinita cadena de mando. Una decisión discrecional o arbitraria, puede detener la actividad de una región completa.  La decisión final siempre radica en la capital.

Nos ha sucedido en Magallanes en más de una ocasión. Decisiones inconsultas, como fue en su momento autorizar el “landing”, a cruceros extranjeros. Que significó un duro golpe a las empresas chilenas que operan en nuestras aguas, brindando servicios de transporte turístico. Con la consiguiente pérdida de ingresos y de empleos. Y nos vuelve a suceder ahora, en una situación que ya ha producido perjuicios millonarios, tanto a empresas de transporte argentinas, como chilenas. Ha ocasionado cientos de reclamos de turistas, detenidos por largas horas a la espera de un cruce en Punta Delgada.

Ha sido cubierto difusamente por los medios locales. Una vez más una decisión imprudente y falta de fundamentos de un mando medio, le asesta un fuerte golpe a la economía local. Muchos atribuyen al desconocimiento de la dinámica económica de la temporada estival, por parte de un funcionario del norte del país. Resulta alarmante que la autoridad pertinente, no dimensione, el carácter estratégico de mantener el funcionamiento fluido del transporte marítimo.

En los tiempos que vivimos en Chile, y en la región, no estamos para  tolerar el entorpecimiento de nuestra principal vía de transporte con Tierra del Fuego. La dilatación innecesaria,  muy cercana a lo arbitrario,  de la autorización de zarpe para la moderna nave “Kaweskar” de la empresa regional Transbordadora Austral Broom, constituye un despropósito, y debe determinarse responsabilidades.

La sociedad civil merece contar con cuerpos armados, que sirvan leal y honestamente al interés nacional. La discusión en cabildos y asambleas, ha incluido la relación con las fuerzas armadas y de orden y seguridad. El adecuado financiamiento de sus operaciones, y el control estricto y la rendición de cuentas, para evitar irregularidades.

Del nuevo ordenamiento constitucional, deberá derivarse en lo sucesivo una profunda revisión de los estatutos jurídicos de los institutos armados. Estos son imprescindibles para nuestro desarrollo como país y como región, pero con una concepción moderna de su rol, que facilite  el libre y ágil desarrollo de la actividad económica.

Ernesto Sepúlveda Tornero

Punta Arenas, Lunes 17 de febrero de 2020.-



domingo, 9 de febrero de 2020

NO TEMAS ABRIL


Este año 2020, tendremos en Chile una seguidilla de instancias electorales.  El 26 de abril será el plebiscito, donde decidiremos entre las opciones APRUEBO y RECHAZO, a una nueva constitución. Deberá votarse en la misma instancia, entre un CONVENCIÓN MIXTA (Integrada en parte por representantes electos y en parte por integrantes electos por el parlamento) y la CONVENCIÓN CONSTITUYENTE (integrada totalmente por representantes electos por la ciudadanía).

El 26 de febrero inicia la propaganda electoral de las opciones en disputa, y el 27 de marzo  inicia la franja electoral gratuita en canales de televisión de libre recepción. La propaganda electoral concluye a las cero horas del 23 de abril.

Pero este año se eligen alcaldes y concejales, y además por primera vez los gobernadores regionales. Se efectuarán elecciones primarias para elegir a candidatos a alcalde y gobernador regional el domingo 7 de junio.

Las elecciones de alcaldes, concejales, y gobernadores regionales, se efectuarán el domingo 25 de octubre. En dicha fecha, eventualmente, se elegirá a los convencionales constituyentes.

El 22 de noviembre se efectuaría la segunda vuelta electoral, del gobernador regional, si en primera vuelta ninguno superara el 40% de los votos.

En medio de esta verdadera vorágine electoral, las preocupaciones de las grandes masas asalariadas, están muy distantes del calendario que políticos de gobierno y oposición ya manejan al dedillo. El descontento social, expresado en todo el país, a partir de octubre 18, tiene por fundamento condiciones estructurales de nuestro modelo de desarrollo. Aunque no suene popular decirlo, el cambio de constitución no resolverá ni el desequilibrio crónico en la distribución de los ingresos, ni la calidad de la salud, la educación o las pensiones de millones de chilenos.

Por qué, entonces toda la discusión pública, aparece capturada por el tema constituyente? Muy sencillo, porque el origen de nuestro actual ordenamiento constitucional, aparece cuestionado mayoritariamente, por su ilegitimidad de origen, y por la orientación ideológica que la inspiró. Parece un contrasentido, porque la constitución del 80´ la redactó media docena de abogados, sin participación ni discusión popular, y nos ha regido hasta ahora, pese a los más de 40 cambios efectuados. La necesidad de redactar un nuevo texto, se asocia al mejoramiento de la calidad de nuestra convivencia democrática. También en el inconsciente colectivo, está la idea de una redistribución del poder. Es el aspecto en que coincide la academia con la calle, en un nuevo pacto social, se plasma el tipo de sociedad que aspiramos a tener.  En este caso, sería la primera ocasión en nuestra historia republicana, que estaríamos ante un proceso constituyente, tan amplio y participativo.

La realidad económica y social que enfrentamos desde el año pasado en Chile, dista mucho de las promesas efectuadas por la actual administración. Sin embargo, las causas del denominado “estallido social”, son mucho más amplias y profundas. Abordar con claridad y transparencia la respuesta a las materias de la agenda social, es un imperativo que debiera convocar a todas las fuerzas políticas. Sin embargo, el liderazgo político parece capturado por la estridencia, por la lógica de trincheras, que nos lleva a un conflicto con suma cero. No se trata  de revivir la experiencia de la “política de los acuerdos”, de los años 90’, a la cual nos referimos en columnas anteriores. Se trata de sentar las bases de un nuevo diálogo social, el cual deberá manifestarse también en la discusión constituyente.

La tarea de todos sin exclusión, es generar las condiciones, para que podamos hablar y acordar una agenda social de urgencia. Antes que toda la energía se vuelque, a las campañas del plebiscito, de las primarias de alcaldes y gobernadores. Y posteriormente en octubre la votación para elegir al gobernador regional, alcalde, concejales, y convencionales constituyentes.

Quienes más se han oído en medios y redes sociales, son los sectores más extremos de derecha e izquierda. Son los partidarios del estatus quo. Con discursos que fomentan la animadversión, cuando no el odio, por nuestros compatriotas, pretenden sembrar el temor acerca del futuro. Y ya lo han conseguido en parte. Personalmente conozco decenas de pequeños y medianos empresarios, temerosos de lo que está pasando en las calles. La destrucción de semáforos, y cámaras de seguridad, mobiliario urbano, ha sido seguida por el incendio de locales comerciales, oficinas, atentados contra edificios públicos, monumentos, tumbas e iglesias.

Lamentablemente quienes no creen en la democracia representativa, ni en los derechos humanos, se mimetizan detrás de las marchas y manifestaciones pacíficas. Y ha existido tibieza, en el rechazo a la violencia y el pillaje, por parte de los dirigentes políticos.

El pueblo de Chile, ha demostrado una y otra vez que es amante de la paz, que desea mejorar su condición actual, pero sin perder lo que tiene. Sin perder el empleo, sin perder el entorno donde vive y trabaja. Se equivocan quienes creen que los grupos más violentos, representan al pueblo de Chile. Minorías iluminadas, existieron antes y existen ahora, sin ninguna relevancia, y sin ninguna vinculación con el tejido social.

Hay que tranquilizarnos, sembrar semillas de paz, generar ambientes propicios para el dialogo, en empresas, juntas de vecinos, y sindicatos. El pacto social que construiremos, consagrará derechos y respetará libertades, garantizará la dignidad del trabajo,  el valor del emprendimiento y la libre empresa.

Para llegar a un desarrollo integral e inclusivo, no existen atajos, ni balas de plata que maten la desigualdad. Debemos ponernos de acuerdo como sociedad, y un paso imprescindible es realizar un ejemplar proceso constituyente.  Trabajemos por ello, y recuperemos la fe y la esperanza.

Ernesto Sepúlveda Tornero

Punta Arenas, Lunes 10 de febrero de 2020.