jueves, 6 de mayo de 2010

EL PEATON , Por RAY BRADBURY

El Peatón

Ray Bradbury

 

Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa

noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas

alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de

los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se

detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas

iluminadas por la Luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué

camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba solo en

aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez

que se decidía, caminaba otra vez, lanzando ante él formas de aire

frío, como humo de cigarro.

A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a

medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía

como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores

de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos

repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes

interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a

la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio

sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana.

El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba,

miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la

acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para

pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías,

acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se

encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se

sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las

primeras horas de una noche de noviembre.

En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando

hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha

cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran

como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y

salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead

escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las

hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes,

recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el

esqueleto de su estructura en los raros faroles, oliendo su

herrumbrado olor.

¾Hola, los de adentro ¾les murmuraba a todas las casas, de todas

las aceras¾. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete,

el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys? ¿No viene ya la

caballería de los Estados Unidos por aquella loma?

La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía,

como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se

quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una

llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna

casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los

cauces secos de los ríos, las calles.

¾¿Qué pasa ahora? ¾les preguntó a las casas, mirando su reloj de

pulsera¾. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados

crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política?

¿Un comediante que se cae del escenario?

¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz

de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía

nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento

desaparecía ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de

caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había

encontrado a otra persona que se paseara como él.

Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras

cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras

oleadas de autos, con un gran susurro de insectos. Los coches

escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a

otros, exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran

como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.

Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a

una manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de

pronto en una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz

blanca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla

nocturna, atontado por la luz.

Una voz metálica llamó:

¾Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva!

Mead se detuvo.

¾¡Arriba las manos!

¾Pero... ¾dijo Mead.

¾¡Arriba las manos, o dispararemos!

La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una

ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía.

¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las

fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El

crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo

este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.

¾¿Su nombre? ¾dijo el coche de policía con un susurro metálico.

Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los

hombres.

¾Leonard Mead ¾dijo.

¾¡Más alto!

¾¡Leonard Mead!

¾¿Ocupación o profesión?

¾Imagino que ustedes me llamarían un escritor.

¾Sin profesión ¾dijo el coche de policía como si se hablara a sí

mismo.

La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo

atravesada por una aguja.

¾Sí, puede ser así ¾dijo.

No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo

ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus

fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión,

donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les

rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.

¾Sin profesión ¾dijo la voz de fonógrafo, siseando¾. ¿Qué estaba

haciendo afuera?

¾Caminando ¾dijo Leonard Mead.

¾¡Caminando!

¾Sólo caminando ¾dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío

en la cara.

¾¿Caminando, sólo caminando, caminando?

¾Sí, señor.

¾¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?

¾Caminando para tomar aire. Caminando para ver.

¾¡Su dirección!

¾Calle Saint James, once, sur.

¾¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire, señor

Mead?

¾Sí.

¾¿Y tiene usted televisor?

¾No.

¾¿No?

Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.

¾¿Es usted casado, señor Mead?

¾No.

¾No es casado ¾dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante.

La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran

grises y silenciosas.

¾Nadie me quiere ¾dijo Leonard Mead con una sonrisa.

¾¡No hable si no le preguntan!

Leonard Mead esperó en la noche fría.

¾¿Sólo caminando, señor Mead?

¾Sí.

¾Pero no ha dicho para qué.

¾Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.

¾¿Ha hecho esto a menudo?

¾Todas las noches durante años.

El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta

de radio que zumbaba débilmente.

¾Bueno, señor Mead ¾dijo el coche.

¾¿Eso es todo? ¾preguntó Mead cortésmente.

¾¾dijo la voz¾. Acérquese. ¾Se oyó un suspiro, un chasquido.

La portezuela trasera del coche se abrió de par en par¾. Entre.

¾Un minuto. ¡No he hecho nada!

¾Entre.

¾¡Protesto!

¾Señor Mead...

Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho.

Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro.

Tal como esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en

el coche.

¾Entre.

Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un

pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a

antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí

nada blando.

¾Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada... ¾dijo la voz de

hierro¾. Pero...

¾¿Hacia dónde me llevan?

El coche titubeó, dejó oir un débil y chirriante zumbido, como si en

alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas

perforadas bajo ojos eléctricos.

¾Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.

Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía

rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles

luces.

Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa

más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de

esta casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y

cálida en la fría oscuridad.

¾Mi casa ¾dijo Leonard Mead.

Nadie le respondió.

El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose,

dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin

escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en

todo el resto de la helada noche de noviembre.

 

F I N

miércoles, 5 de mayo de 2010

SE VIENE LA LLUVIA

SE VIENE LA LLUVIA

Nunca antes había sido tan mal venida la lluvia en el Biobío y en el Maule. Son miles las familias que tratan de proteger del frío y del agua a sus pequeños (as) hijos (as) o a sus abuelos (as). Son los derrotados del terremoto, los que no pudieron cambiarse a otra casa o departamento, y lisa y llanamente están en la calle. Conviviendo en grupos de 7 o más personas, en pequeñas carpas, de esas para un fin de semana de camping en verano. O sea, la precariedad misma. La situación ya no puede ser más dramática.

En medio de todo esto, más encima hay que tolerar las bravatas de cierta autoridad, que actúa como verdadera "señora de la querencia" y que prometió forrar todo con plástico para salir del entuerto. Yo creo y pienso que no es ético aprovechar políticamente la desgracia de las personas, aprovecharse de la aflicción humana es deplorable sea cual sea el color del dirigente. Pero en este caso donde se ha atropellado tan nítidamente la dignidad de las personas, no se puede evitar la repulsa, el rechazo, la repugnancia. ¿Esta era la nueva forma de gobernar?, pues se parece bastante, a la antigua forma de gobernar, aquella que usaban los milicos y los alcaldes designados por la dictadura. Lo único que les falta decir es "si les gusta bueno, y si no… ya saben".

En lo que a mí respecta me parece fantástico, que en un gobierno de empresarios como es este, hayan surgido iniciativas como "desafío levantemos Chile", que lidera un señor Cubillos. Es bueno después de todo, ver a este sector, que de pronto se asocia exclusivamente con los negocios, y las grandes fortunas, bajando al barro, y yendo a terreno, donde las papas queman, e involucrarse en la solución de los problemas. Bravo por eso. El problema es cuando materias que requieren la implementación de políticas públicas, son privatizadas, externalizadas, de este modo, traspasando a particulares, ya no a la administración la generación de respuestas que la comunidad espera del Gobierno, y no de una empresa privada en particular, o un sector en específico, como es el caso de los tres grandes operadores de ferretería, que se adjudicaron de manera directa un millonario contrato fiscal.

Probablemente Chile, va a necesitar más de una teletón para terminar de entender que aunque seamos todo los solidarios que nuestros escuálidos bolsillos lo permitan, jamás vamos a poder suplir la acción del Estado. Sí del ESTADO, aunque se revuelquen y les dé sarpullido a ciertos personajes de la derecha. El viejo y mal ponderado Estado, que en la mente neo-liberal es un monstruo hiperalimentado, que hay que reducir a como dé lugar, ahora se vuelve imprescindible, y no sería bien visto a los ojos del gran público que se lo suplante, que se lo sustituya por grupos de "emprendedores" por muy bien intencionados y "prendidos" que sean.

La derecha en el gobierno, está resultando una mezcla muy rara entre continuidad de políticas públicas de la centro izquierda, e intentos de introducir parte de su repertorio clásico –léase privatización de activos públicos, exenciones o beneficios tributarios, y reducción del aparato fiscal-, definitivamente la cuadratura del círculo no le resulta. Y está por verse, si es sostenible en el tiempo para la coalición por el cambio, mantener su apoyo al gobierno, dando la espalda a su electorado ABC1, y rompiendo numerosas promesas de campaña hechas al gran empresariado y las grandes fortunas.

Nuestra vieja amiga, la Señora Juanita, está con el barro hasta las paletas, sin casa, sin pega, y más encima no puede abandonar sus cositas, porque la delincuencia no ha mermado. ¿Si estuvieras hoy en Biobío o en el Maule, que le dirías para tranquilizarla?

miércoles, 21 de abril de 2010

DÍA DE SOL EN MAGALLANES

Si vinieran hoy a Punta Arenas se encontrarían con un maravilloso día de sol. Un día luminoso y brillante, bastante engañador porque el termómetro marca solo 9 grados celcius, osea está frío. Pero es uno de los días en que la temperatura se siente agradable en Magallanes, y dan ganas de andar al aire libre, caminar rápido, sintiendo el aire en la cara, poniendo roja la nariz, desordenando el pelo. En esta época es bueno andar con un gorrito de lana, y una bufanda, salvan mucho, y no cuesta nada quitárselos al entrar a las tiendas o museos. Para nuestros hermanos del norte de Chile (todo lo que está de Puerto Montt para allá), les recuerdo que en nuestra región todos los ambientes están calefaccionados, gracias a nuestros recursos de gas natural. Iglesias, colegios, museos, y toda clase de establecimientos comerciales, cuentan con el cálido recurso, y por tanto la temperatura al interior de las casas y edificios, es sumamente tibia. Tanto que en muchos casos, obliga a quitarse hasta el chaleco, y quedarse en camisa, mientras afuera nieva. Ese es solamente uno de los muchos contrastes que se encuentran aquí.

Cielos de un celeste profundo, árboles con forma de cono de helado, un mar intensamente azul atrapado entre estrechos canales, pequeñas bahías, fiordos, miles de islas, es sólo un retazo de un paisaje inagotable. La experiencia de recorrer la patagonia te brinda una sensación de libertad y de pureza, que solo la he sentido en el desierto de Atacama. No se divisan letreros publicitarios, postes de alumbrado público, antenas de TV o de celular. Mirando la pradera interminable hasta el horizonte, fácilmente se puede imaginar como sería todo cien años atrás. De hecho es fácil imaginar los mismos sitios poblados de numerosos árboles, frondosos bosques de Lengas y Ñirres, que producto de la llegada de los colonos fueron "despejados" para liberar terreno para la ganadería. !Horror! dirán muchos personajes el día de hoy, pero si algo he aprendido de la historia, es que jamás se debe juzgar con nuestra cosmovisión y valores, a los hombres y mujeres del pasado. Estos parajes en el fin del mundo demuestran que el ser humano puede sobrevivir en cualquier latitud. Impresiona las fotografías de Martín Gusinde, un cura alemán, que se dedicó a estudiar y tratar de salvar a las últimas familias kaweskar que quedaban en nuestro territorio a fines del siglo XIX. Impacta ver que vivían casi desnudos, y  buceaban en las gélidas aguas sin sufrir ningún trastorno. Se puede cuestionar por supuesto, que otros europeos llevados por un supuesto interés científico, llevaron a Francia, y exhibieron en un "museo vivo" de París, a familias de kaweskar, que seguramente fueron vistos con gran deleite por los "avanzados" franceses. La obra de Gusinde es muy importante por haber tratado de algún modo de rescatar lo poco que iba quedando, ya a esa época. Mirar sus rostros en las fotos, estremece, se divisa una tristeza profunda en sus ojos, un miedo, que nos avergüenza y nos compromete.

Es que se puede hacer un lindo y emotivo discurso acerca de este tema, pero sin producir grandes cambios en nuestra posición ante la vida, después de todo son pueblos que desaparecieron en la noche de los tiempos. Sin embargo, de lo que se trata no es de tener una posición romántica acerca de lo que no pudo ser, sino acerca de lo que puede ser hoy día. De lo que hacemos hoy para cuidar nuestro entorno, para no depredar hoy nuestros espacios naturales, para adoptar una posición de respeto hacia nuestros pueblos originarios.

Después de todo, la gracia que tiene este territorio tan distante, es precisamente su riqueza natural, su belleza paisajística, y cómo hemos aprendido a relacionarnos con nuestro entorno, a ratos salvaje y peligroso. No se viaja 20 mil kilómetros sólo para visitar la casa de uno de los pioneros que se enriqueció en Magallanes, se busca atrapar aunque sea por un instante la magia  de un lugar no tocado por la mano de hombre, el sueño de llegar a una pequeña isla donde nunca antes pisó el pié del hombre. 

De vuelta del recorrido diurno, siempre se puede encontrar el calor de un buen fuego, y disfrutar de la mesa magallánica, mirando el Estrecho de Magallanes,  que nos protege del mar abierto tumba de muchos soñadores y navegantes de todas las latitudes.





martes, 20 de abril de 2010

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES



A propósito de la comedia de enredos que protagonizaron dos de las promisorias figuras de la oposición, los comentaristas, opinólogos y periodistas a sueldo de la derecha, han aprovechado de festinar sin tapujos. Es que la oportunidad era demasiado buena para perderla, y los mismos que estaban llamados a suceder a los viejos carcamales de los partidos PS y PPD, se vieron envueltos en una voragine generada por sus propias palabras, y vanidad desmedida . Sobre exposición mediante, los ahora devenidos en "rostros" televisivos, vieron naufragar su intento por alzarse con la conducción partidaria, y de paso dejaron en incómoda posición a sus patrocinantes o padrinos políticos, que aunque parezca increíble eran los mismos viejos tercios que desde la década del 60 han jugado roles de alguna importancia en la política chilena. Sí aunque Usted no lo crea, a estas promisorias y casi lozanas figuras, las sostenía una red de peces gordos, llamados por algunos "varones", y que en jerga política, refiere a quienes detentaron el poder durante los 20 años de la Concertación. Osea, quienes han sido repudiados como responsables de la derrota electoral, por sus añejas prácticas clientelares, son los mismos que promueven a quienes los reemplazarán. Un "gatopardismo" a todo ritmo, y sin ningún escrúpulo.


Pero, como las cosas nunca o casi nunca suceden como se planean, lo que no estaba en los cálculos de los viejos gerontes PS-PPD, era el factor emocional, no por nada perdieron, carecen en absoluto de la llamada inteligencia emocional, y así como no trepidaron en intervenir y de algún modo manipular al matrimonio de líderes políticos, para que fungieran de conductores de la "renovación generacional", tampoco se interesaron mucho cuando la joven pareja, como obvio resultado, terminó abruptamente su relación, bajo la atenta mirada de los medios derechistas.

Déjeme que me ría, al recordar los encendidos discursos destacando la necesidad de renovación, y de cambiar los "rostros", si es así como pretende hacerlo la "gerontocracia" concertacionista, el resultado será obvio, y veremos resucitar a jóvenes como ese ingenuo y tierno Andrés Zaldívar, recientemente asumido como Senador de la República.

Pero la culpa no es del chancho. Las nuevas generaciones de la concertación, han sido demasiado obsecuentes con una cierta forma de hacer las cosas, que ahora todos critican, pero en su minuto permitió a estos mismos "jóvenes rostros" asumir como diputados o senadores, o ministros de estado, sin concursos ni sorteos. Ahora que corresponde asumir las responsabilidades, todos se hacen los lesos, y de pronto por arte de birbiloque se pretende encontrar una nueva conducción, pero manteniendo todo como antes. Porque los gerontes ya nos han notificado que estarán "acompañando" en todo momento el proceso.

En resumen, mucho ruido y pocas nueces en la renovación de liderazgos en la concerta.



UN MUNDO FELIZ

La realidad actual en Chile, nos trae recuerdos de aquél libro que leímos tiempo ha, "Un mundo feliz" del gran Aldous Huxley. Aquí como en el libro se puede apreciar la existencia de "hombres alfa", "hombres beta". Los hombres alfa de Chile serían la huestes de numerarios, supernumerarios y demases, todos con su correspondiente post grado en universidades extranjeras, y egresados de la ponti cato, que hoy habitan las oficinas ministeriales y reparticiones del aparato estatal. En el nuevo Chile, los hombres beta serían el resto de los mortales, que estaríamos encargados de trabajar sin chistar, sin cuestionar, sin preguntar. Los que tenemos que sudarla a morir, ojalá las 24 horas del día y los siete días de la semana, en una jornada de trabajo sin fin, y con alegría, entusiasmo, coraje, empuje y tesón, ojalá sin cobrar horas extras.

En la nueva forma de gobernar, los trabajadores y sus dirigentes están relegados a un segundo o tercer plano, todos trabajamos para un gran supermercadista, para un retailer, ya no somos trabajadores sino "colaboradores", no hay que perder nunca la sonrisa, numerosas cámaras están registrando minuto a minuto lo que pasa en tu trabajo. No hay que perder el ánimo, seguir empujando, hay que levantar Chile, y cualquier sacrificio vale la pena. Aunque en el camino vayan quedando nuestras aspiraciones, nuestros derechos, y nuestra dignidad.

En este nuevo mundo feliz, todos vamos a ser "emprendedores", todos vamos a ser pymes, vamos a ser empresarios, vamos a gestionar nuestro propio negocio, vamos a saber del mercado de valores, de exenciones a utilidades reinvertidas, a beneficios tributarios para las donaciones. En el nuevo Chile, no habrá más Mideplán, será reemplazado por un directorio de ejecutivos de grandes empresas, quienes definirán los cursos de acción, no se requerirá la ley de presupuestos, porque vamos a gastarnos todos los ahorros en hacer todo lo que había antes, mejor, y en más corto tiempo. Chile ya no necesitará velar por los recursos futuros, todo se financiará con una teletón permanente, donde todos seremos solidarios, y entregaremos no sólo un pequeño aporte, sino que seguiremos la orientación de consejeros de la Obra, que nos animarán a entregar todo el sueldo. Así seguro que nos estaremos santificando en nuestro oficio.

Cada día que pasa vemos con agradecimiento como nos ha cambiado la vida, los valores, los gustos, en este nuevo Chile. Ojalá que todo esto no se acabe en cuatro años, porque como dice la Isabel Parra "Pasaron volando Michelle", y queremos seguir todos como protagonistas de nuestro propio "reality", uno que no se acabe nunca.