Esta semana
volví a ver una película que me gusta mucho, es “Invictus”, dirigida por Clint
Eastwood, y protagonizada por Morgan Freeman como el presidente de Sudáfrica Nelson
Mandela y Matt Damon, como Francois Pinnaur, capitán del equipo de rugby
Springboks. La película narra un episodio histórico real que fue la campaña de
los Springboks para el mundial de Rugby de 1995. El centro narrativo del film
está en la relación de amistad que surge entre el primer presidente negro de Sudáfrica,
al término del régimen del apartheid, y el capitán del equipo de rugby que es
muy popular en la población blanca. Una película muy recomendable, que pone el
acento en la importancia de las relaciones entre las personas, más allá de sus
diferencias sociales o políticas. Se muestra como el presidente Mandela impulsa
un acercamiento entre negros y blancos, a todo nivel, como única forma de
lograr la reconciliación nacional.
Francois Pinnaur,
en el film, se ve muy impresionado con el liderazgo de Mandela. Junto al equipo
y sus parejas, visitan Robben Island, uno de los recintos donde Mandela estuvo
prisionero durante 27 años. La pequeña celda de aislamiento en que permaneció
parte importante de su vida, lleva a una importante introspección a Francois,
quien comprende la profundidad moral de los principios de Mandela. Lejos del
revanchismo, la venganza o el odio, ofrece gestos de entendimiento y tiende las
manos para acoger a quienes lo oprimieron.
En la vida
real Nelson Mandela participó activamente desde su juventud en el movimiento en
contra del régimen del Apartheid. Estudió derecho en la Universidad de Hare, y ejerció
activamente como abogado en defensa de los activistas. Se unió tempranamente a
la rama juvenil del Congreso Nacional Africano, principal organización política
de Sudáfrica. Junto a miles de simpatizantes de todo el país, realizó acciones
de desobediencia civil, en protesta contra las leyes de discriminación racial y
contra la represión. Su lucha por la democracia y los derechos de la población
negra, le significaron una primera condena a prisión en 1962 y una segunda
condena en 1964, esta vez a cadena perpetua. Mandela tenía 44 años cuando
inició su condena. Pese a las campañas internacionales en contra del apartheid
del régimen sudafricano, la represión, persecución de disidentes, torturas y
asesinatos se prolongaron por décadas. A fines de los años 80´, el régimen,
aislado internacionalmente, se ve forzado a entrar en negociaciones con el
Congreso Nacional Africano, para iniciar una transición a la democracia y el
pluralismo racial. Dentro de este proceso se negoció la liberación de los
presos políticos dentro de los que estaba Mandela y la directiva del Congreso
Nacional Africano. Su liberación se produce en 1990, tras 27 años de presidio.
El país estaba
sumido en una ola de protestas masivas en contra del régimen, eso y la presión internacional
llevaron a Nelson Mandela a participar en las negociaciones políticas con el
presidente Frederik de Klerk. Gracias a estas negociaciones se fijaron los
procedimientos y plazos para abolir el apartheid y establecer las primeras elecciones
generales con derecho a votos a la población negra. Estas elecciones se
realizaron en 1994, Nelson Mandela fue como candidato del Congreso Nacional Africano,
siendo electo presidente de Sudáfrica, el primer presidente de origen negro del
país.
Mandela estaba
convencido de que la única vía para la reconciliación nacional, era conseguir
la integración racial en todo ámbito. Captó la importancia de realizar un
gobierno amplio con participación de diversos sectores. Inició una comisión de
verdad y reconciliación para investigar las múltiples violaciones a los
derechos humanos, ocurridos durante el régimen del Apartheid. Sus acciones en
pro de la reconciliación y de la paz, le valieron a él y al ex presidente De
Klerk, el premio Nobel de la Paz.
La historia
que narra la película “Invictus”, es real, por cuanto el CNA y Mandela habían comprobado
el potencial que tenía el rugby, por su llegada a todo el país. A su vez el
equipo nacional de los Springboks se encontraba varios años sin competencias
internacionales, debido a las sanciones a la Sudáfrica del apartheid. El
retorno del país al escenario mundial con la presidencia de Mandela, le
permitió organizar el mundial de Rugby de 1995. La presencia de favoritos como
Inglaterra y los Old Black de Nueva Zelanda, y sobre todo la falta de competencia
internacional, tenía a los Springboks con muy pocas posibilidades.
Al cabo de un
año de entrenamientos duros y sistemáticos, junto a un despliegue por los
barrios y pueblos, aunaron tras el equipo de rugby, a toda la población más
allá de su color de piel, y la apuesta de Mandela tuvo una coronación exitosa,
cuando contra todo pronóstico, los Sringboks liderados por Francois Pinaur,
derrotaron en la final al recio equipo de los Old Black, titulándose como
campeones mundiales de Rugby de 1995.
Existe coincidencia
hoy, de que el episodio del campeonato mundial de Rugby, y todo el movimiento
social inter racial que generó, fue una manifestación individual y acotada, que
no borró las múltiples diferencias e injusticias, que tomaron décadas superar. Sin
embargo, lo anterior no desmerece en lo más mínimo, el inmenso aporte de ese
primer gobierno democrático que encabezó Nelson Mandela. Su mensaje por la paz
y la reconciliación, trasciende generaciones, y traspasa fronteras.
Pienso en
nuestra propia lucha por la libertad, la derrota de la dictadura en el
plebiscito de 1988, y en lo que fue ese primer gobierno democrático. Todos los
gestos por la reconciliación, los esfuerzos por conocer la verdad en materia de
violaciones a los DDHH. Esa lucha y esos principios son universales.
En una escena del
film, Mandela llega a la casa de gobierno para su primer día de trabajo como
presidente. A medida que avanza va viendo oficinas vacías y cajas de cartón con
artículos personales. Pide a su secretaria que reúna al personal. En una
reunión improvisada, les saluda en afrikaaner y en inglés. Les dice que vio las
oficinas vacías, y que quienes no estén dispuestos a trabajar en su gobierno están
en su derecho de partir. Pero si quieren ayudarlo a trabajar por una sola Sudáfrica,
entonces son bienvenidos.
Esta escena
que puede parecer menor, atendido el centro dramático del film, es a mi juicio
muy significativa. La lucha contra el apartheid inicia aquí, le dice en otra
escena a su jefe de seguridad que no quiere trabajar con los guardaespaldas de
De Klerk. Lo que se expresa es una profunda convicción democrática, y un
profundo respeto por la dignidad de la persona humana, más allá de su color de
piel o ideas políticas.
Así como el
pueblo de Sudáfrica pudo alcanzar la libertad junto a Mandela su héroe y líder,
también nosotros en Chile lo conseguimos junto los líderes de la oposición a la
dictadura, y con los presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle
Bachelet, y millones de hombres y mujeres por todo el país. Quienes nos
precedieron nos dejaron un legado de tesón y coraje para sobreponernos a todo, gracias
a eso seguimos trabajando cada día por un futuro común y una sociedad mejor.
Ernesto Sepúlveda Tornero
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