El pasado 21
de septiembre recordamos la hazaña marítima más importante de la Marina nacional.
El 21 de septiembre de 1843 se produjo la toma de posesión en nombre del Estado
de Chile del Estrecho de Magallanes y territorios adyacentes. A la luz de los acontecimientos
de los últimos meses, cobra mayor relevancia la gesta del Capitán Juan Williams
y los hombres y mujeres de la Goleta Ancud.
La
idea de tomar posesión del Estrecho de Magallanes anduvo en la mente de nuestros
hombres de estado desde mucho antes, conocido es que el padre de la patria don
Bernardo O´Higgins, en su lecho de muerte, en el exilio peruano el 22 de
octubre de 1842, recuerda Chile y el Estrecho, y profetiza “Magallanes,
Magallanes”, como un llamado a la consciencia nacional, una última orden para
los patriotas chilenos.
Quien concretó
la tarea, gracias a su visión de Estado y a su notable energía, fue el presidente
Manuel Bulnes. La misión es encargada al ministro Manuel Montt, otro notable
hombre de Estado luego presidente en dos períodos. Se encarga a Montt, disponer
las medidas para que el estado de Chile tome posesión del estrecho y del
territorio austral. El ministro Montt se encuentra en Santiago, a más de tres
mil kilómetros del Estrecho de Magallanes. Se sabía de la existencia de
inmensas masas de hielo que hacían imposible el avance por tierra, siendo la
vía marítima la única opción viable. Montt, mediante instrucción de abril de
1842, ordena al recién designado intendente de Chiloé, Domingo Espiñeira,
informarse sobre la existencia de lugares en el Estrecho de Magallanes, con
terrenos propicios para el cultivo y residencia de pobladores. Y de ser eso
efectivo, equipar una expedición que explorara el territorio.
Ese fue el puntapié
inicial, el Intendente Espiñeira recibió posteriormente informes favorables
sobre el Estrecho y tierras circundantes. Con esta información en su poder, el
intendente, dispuso la organización de la expedición, designando para
encabezarla al capitán de Puerto de Ancud, capitán de fragata John Williams
Wilson, conocido por su nombre traducido al español de capitán Juan Guillermos.
Sólo imaginen
la magnitud del esfuerzo realizado, si hasta se tuvo que construir íntegramente
la nave, ya que no se contaba en Chiloé de una embarcación adecuada para la
expedición. Una nave hecha íntegramente a mano, en una prueba de la destreza de
los maestros carpinteros de Bahía chilotes, a quienes Chile les estará
eternamente en deuda. Nunca antes se había construido en los astilleros de Chiloé
una nave como esta, superando en tamaño y equipamiento a todas las construidas
anteriormente.
Dada la
lejanía con el centro del país, y que no se contaba con producción local de
estos elementos, debió encargarse al distante puerto de Valparaíso, todos los
materiales y aparejos necesarios: clavos, planchas de cobre, lona, cadenas,
anclas, pinturas, brea, alquitrán. También se aprovechó la riqueza del bosque
nativo, y para la construcción del casco, quilla, cuadernas, etc., se utilizó
nobles maderas nativas, como robles, alerces, laurel y mañío. Los remos se
fabricaron de avellano por su firmeza y elasticidad.
El 22 de mayo
de 1843, un año y un mes después de que Domingo Espiñeira, asumiera la
Intendencia de Chiloé, y recibiera la instrucción del ministro Manuel Montt, la
Goleta de Guerra Ancud dejaba su fondeadero, a los gritos de ¡Viva Chile!
La Goleta
Ancud como buque construido y equipado por el estado de Chile, se incorporó a
la escuadra nacional. La expedición estuvo conformada por 23 personas:
-Dos mujeres doña Venancia
Elgueta, esposa del artillero Cipriano Jara y doña Ignacia Leiva, esposa del
cabo José Hidalgo Vidal.
-Comandante y Oficiales: John
Williams Wilson (o Juan Guillermos), capitán de fragata y comandante de la nave;
Manuel González Hidalgo, teniente de artillería; Bernardo Philippi, sargento, naturalista,
y cartógrafo, de origen prusiano; Jorge Mabón, segundo piloto; Eusebio Pizarro,
sargento segundo de artillería; José Hidalgo, cabo de artillería; Artilleros y
Tripulación: Cipriano Jara, Valentín Vidal, Manuel Villegas, Pascual Riquelme, Lorenzo
Soto, Lorenzo Aro, Ricardo Didimus (timonel), José Santa Ana, Remigio González,
Jerónimo Ruiz, José Víctor, José María Yánez, Manuel Alvarado, Horacio Luis
Williams (hijo del capitán, quien iba como niño a bordo). Prácticos
incorporados durante el viaje: Carlos Miller (lobero) y Juan Yates.
El viaje de la
Goleta Ancud, estuvo lleno de vicisitudes y peligros que los valientes hombres
y mujeres de la Goleta supieron vencer. Cuatro meses después de haber zarpado
de Ancud, el 18 de septiembre de 1843 surcan las aguas del Estrecho de
Magallanes, llegando el 21 de septiembre al lugar denominado como Puerto del
Hambre. La goleta luego navega frente a Punta Santa Ana, donde desembarcan,
este acto constituye la solemne toma de posesión del Estrecho de Magallanes, y
del territorio que lo circunda. Se desembarcó un cañón, disparándose 21 salvas,
las que fueron respondidas desde la goleta Ancud.
Huelga decir
la importancia estratégica de esta hazaña, que consagró para Chile el dominio
de la que fue durante medio siglo la principal vía marítima del continente,
único nexo por ese entonces de Europa con los puertos del Océano Pacífico,
siendo el primero de ellos, la joya del Estrecho, Punta Arenas.
Han
transcurrido 183 años desde la gesta de la Goleta Ancud, y el dominio soberano,
absoluto e ininterrumpido del Estado de Chile sobre el Estrecho de Magallanes,
cobra mayor importancia que nunca. Fenómenos climáticos asociados al proceso de
ebullición global que sufre el planeta, han producido problemas de
funcionamiento del Canal de Panamá, lo que sitúa al Estrecho de Magallanes como
la vía segura para conectar los continentes.
¿Pero cómo se ejerce la soberanía? Para
quienes vivimos en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, hacer
soberanía es realizar cada día nuestro trabajo, criar y proteger a nuestros
hijos y nuestros hogares. Vivir en la zona extrema Magallanes exige un esfuerzo
adicional a las personas, a las empresas y al Estado. Subsisten brechas en
conectividad, servicios básicos en zonas rurales y área periurbana, acceso a
salud y vivienda. Para garantizar las condiciones de vida en nuestra tierra se
requiere de un rol activo del Estado. En las zonas extremas, el mercado
funciona de forma imperfecta. No provee los bienes y servicios en la misma calidad
y oportunidad que en el resto del país. Acá tiene una importancia vital la
política pública.
No da lo mismo
vivir en Santiago o en Viña que vivir en Magallanes. Y los numerosos ministros
que nos han visitado en estas últimas dos semanas, así lo han comprobado. La
posición de Magallanes es una sola, y apoyada por todos los sectores. La mejor
forma de hacer soberanía, es proporcionando las condiciones básicas para que
los habitantes vivan y se desarrollen en este territorio. Eso no se logra solo
con discursos, y gestos simbólicos, que se agradecen, pero son insuficientes.
Se logra con inversión pública.
En Magallanes
se ha hecho el trabajo. No se ha esperado a que un funcionario instalado en una
fina oficina de Santiago nos diga lo que tenemos que hacer. Tanto el gobierno regional como los gobiernos
locales, y la comunidad, pusieron la mirada en los desafíos del futuro. La
soberanía en nuestro territorio la hacemos con una planificación a largo plazo
de nuestro desarrollo, para esto se levantó un histórico Plan de Desarrollo de
Zonas Extremas para el período 2025-2035. Están allí volcados los sueños y
aspiraciones de todo un pueblo, que vive y emprende en este territorio. Reivindicando
la gesta heroica de los hombres y mujeres de la Goleta Ancud hicimos el trabajo
para garantizar la soberanía perpetua de Chile sobre el Estrecho de Magallanes,
toca ahora a las autoridades del gobierno central apoyar este esfuerzo, disponiendo
los recursos pertinentes.
Ernesto Sepúlveda Tornero
Punta Arenas, lunes 28 de
septiembre de 2026.-
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