domingo, 1 de diciembre de 2019

DESEOS DE PAZ



Transcurridos más de 45 días desde el llamado “Estallido social” del 18 de octubre, nuestro país ha vivido las jornadas de movilización mas masivas, desde el triunfo del NO en el plebiscito de 1988. Se han escrito páginas y páginas de sesudos análisis, tratando de explicar lo sucedido. Algunos incluso, sin vergüenza ni pudor, han señalado que el estallido lo habrían advertido hace mucho tiempo.

Sea como fuere, el hecho es que las masivas y pacíficas marchas, de las primeras semanas, han sido opacadas por episodios de violencia y destrucción, nunca antes vista en democracia. El actuar policíaco, sobre exigido por las movilizaciones permanentes y continuas, también ha dado paso, a prácticas represivas con daño grave a las personas. En una discusión sin fin, entre interlocutores que no se escuchan, se han cruzado en estos 45 días, las acusaciones de saqueos y vandalismo, con las acusaciones de graves violaciones de los DDHH por la fuerza pública.

Chile está herido en lo más profundo de su alma. La desconfianza y el descrédito hacia toda figura de autoridad, ha saboteado los intentos de gobierno y parlamento, por resolver la crisis. 

Las acusaciones de traición, están a la orden del día. Sucede con esas añejas figuras concertacionistas, que aparecen en mitad de la tormenta. Ellos advierten que ya lo habían advertido. Que hay que temer, hay que tener cuidado.

Pero también se acusa traición en los nuevos grupos de izquierda que colonizan el parlamento. A la postura de un prudente y razonable diputado Gabriel Boric, se la trata como anatema. Como si hubiese traicionado secretos juramentos, se lo suspende del partido que ayudó a formar.

En medio de una situación caótica en las principales ciudades del país, aún hoy día, surgen voces del pasado, añorando rebeliones populares que no fueron, o focos revolucionarios, que tampoco fueron. Con una olímpica indiferencia por las “condiciones objetivas” de nuestro pueblo, ya anuncia, poco menos que  el “asalto al palacio de invierno”.

No existen liderazgos convocantes, legitimados, que puedan interpretar los anhelos y esperanzas de las grandes masas de asalariados. Lo que hay es cúpulas sindicales, sin autonomía de los partidos políticos, que reproducen la cuenta de la comisión política, sin titubear. Si la representatividad de los parlamentarios está en entredicho, así como sus múltiples beneficios pecuniarios, no debe olvidarse que también en la cúpula sindical, se dan los mismos vicios. Dirigentes permanentes o perpetuos, casi vitalicios, como si no existiera trabajadores más capacitados, más jóvenes.

Nuestro país requiere con urgencia retomar la normalidad. Sí, esa palabra, que los más relamidos y políticamente correctos, hoy no dicen. Necesitamos que cuando una trabajadora se pare en el paradero, a esperar el bus a las 7,00 AM, el bus pase. Y ella pueda llegar segura a su trabajo. Necesitamos que la infraestructura urbana, este funcionando, paraderos de buses, semáforos, estaciones de tren y de metro.

Los trabajadores y trabajadoras de Chile, quieren mejorar sus condiciones de trabajo t remuneración. Eso no significa que quieran asumir la gestión de la empresa, ni mucho menos que a empresa cierre o quiebre.

Cuando dices que para que Chile mejore, necesitamos paz, de inmediato te tildan de facho o momio. Si dices que deben cesar las graves violaciones a los DDHH, que han cometido agentes del estado, te tildan de comunista.

De lo que se trata es de que nos escuchemos entre nosotros. No el que está incendiando un supermercado o rompiendo un semáforo, porque es un delincuente que debe responder ante la justicia. Nosotros, los que queremos que el país progrese, para todos, que crezca para todos.

Por vez primera en la historia de nuestra República, avanzamos hacia un momento en que todas las voces serán escuchadas.  Con toda seguridad una nueva constitución, elaborada en una convención o asamblea constituyente, no resolverá todos los problemas del país. Ni siquiera dará solución a los problemas mas urgentes. Pero sentará las bases de una nueva forma de convivencia, una nueva forma de relacionarnos, y una nueva forma de distribución del poder.

Tenemos antes de eso, muchísimo que hacer, concretar una agenda social de verdad, una que vaya más allá de los 0,4 puntos del PIB, que representa la agenda presentada por el gobierno. No llegaremos a financiar ni a concretar en este gobierno, la totalidad de las propuestas sociales, a juicio de los economistas, representa un gasto cercano a 4 puntos del PIB. Simplemente no puede financiarse.

Don Ricardo French Davis, conocido economista, proponía esta semana, aumentar el royalty a proyectos nuevos, con parámetros similares a Canadá o Australia. Modificar el impuesto a la herencia, que hoy recauda muy poco. Y en el mediano plazo una nueva reforma tributaria.

Podemos hacer todo eso, y mucho más, pero necesitamos volver a producir, para evitar se sigan destruyendo empleos. Los trabajadores del sector privado, no pueden ir a marchas en horario de trabajo, porque son despedidos, si faltan se les descuenta. Esos trabajadores, que son los que perciben las rentas mas miserables en nuestra patria, necesitan nuestro respeto y apoyo. Debemos generar las condiciones de paz y normalidad que nos permita, reconstruir nuestras ciudades, nuestras escuelas y liceos, los almacenes, las tiendas, las farmacias.

 Chile espera más de nosotros, espera que alcemos la voz, somos gente de paz, no queremos mas muertos, heridos o cegados. Tampoco queremos más incendios en hoteles, iglesias o supermercados.

En el mundo cristiano iniciamos el tiempo de espera, que concluirá en navidad. Demos a nuestros niños una fiesta especial este año. Que no sean los objetos ni las cosas materiales, el centro en nuestros hogares. Valoremos la paz en la que vivimos, apreciemos ese regalo que nos llena el corazón de buenos sentimientos.

 Desterremos el odio y el resentimiento, y miremos el futuro con alegría y esperanza.

Soy Ernesto Sepúlveda, en “Crónicas de la patagonia”


Lunes 2 de diciembre de 2019.


domingo, 24 de noviembre de 2019

NACIMIENTO Y MUERTE DE LA CONSTITUCIÓN



A propósito del inesperado escenario constitucional en el que ha entrado nuestro país, hemos estado revisando como se gestó la constitución política del estado de 1980. Cuando se cumplían 7 años desde el golpe de estado, los miembros civiles del régimen, instaron al dictador a generar un nuevo marco constitucional. La  idea era dotar de estabilidad al régimen, asegurando su continuidad.
Resulta muy ilustrativo consignar como se elaboró y cómo se aprobó la constitución del 80, para contrastarlo con el procedimiento iniciado este año, y que nos dejará con una nueva constitución el 2021.

Según un artículo elaborado por la Biblioteca del Congreso Nacional, se consigna, que la Junta Militar, dictó los DL N°1, N° 128 y N° 788, donde se auto atribuyó la potestad constituyente. Cesa en los hechos, la vigencia de la Constitución de 1925.

En la elaboración de la nueva constitución participaron tres instancias. La comisión de estudios de la nueva Constitución política del Estado, creada el 24 de septiembre del  73, conocida como Comisión Ortúzar, porque fue presidida por Enrique Ortúzar, e integrada entre otros por Jaime Guzman, Sergio Diez, Jorge Ovalle, Enrique Evans y Alejandro Silva, Raúl Bertelsen, Juan de Dios Carmona y Rafael Eyzaguirre.

La Comisión Ortúzar sesionó entre el 24 de septiembre de 1973 y el 5 de octubre de 1978, completando 417 sesiones de trabajo. Al término de las cuales, entregaron al dictador Pinochet un anteproyecto constitucional compuesto por 123 disposiciones permanentes y 11 transitorias. Luego de eso, la Comisión se disolvió.
Una segunda instancia la constituye el Consejo de Estado, órgano consultivo del Presidente de la República en asuntos de gobierno y administración civil. En la ficción jurídica creada por los miembros civiles del régimen, el dictador Pinochet se atribuía el cargo de presidente de la república. El Consejo de Estado, estaba  integrado por los ex Presidentes de la República  Jorge Alessandri Rodríguez (presidente) y Gabriel González Videla. Además, Carlos Cáceres, Juan de Dios Carmona, Juan Antonio Coloma, Juvenal Hernández, Vicente Huerta, Renato García, Diego Barros, Pedro Ibáñez, Oscar Izurieta, Hernán Figueroa, Mercedes Ezquerra, Héctor Humeres, Julio Philippi, William Thayer, Guillermo Medina, Enrique Bahamonde y Enrique Urrutia Manzano, entre otros.
El consejo de estado elaboró un nuevo proyecto constitucional, alternativo al de la Comisión Ortúzar, entre el 14 de noviembre de 1978 y el 1 de julio de 1980, a partir de un total de 57 sesiones de trabajo. El 8 de julio de 1980, el Consejo entregó su proyecto a la Junta de Gobierno. El consejo de estado continuó en funciones  hasta marzo de 1990.
La constitución definitiva, fue elaborada en base a los textos antes mencionados, por un grupo de trabajo designado por la junta Militar. El grupo de trabajo estuvo integrado por el Ministro del Interior Sergio Fernández, la Ministra de Justicia Mónica Madariaga, más los auditores de las Fuerzas Armadas. Entre el 8 de julio y el 8 de agosto de 1980, elaboraron el texto final de la Constitución, que fue aprobado por la Junta militar.
 El texto constitucional debía aprobarse en un plebiscito. Este se llevó a cabo el 11 de septiembre de 1980, aprobándose con una mayoría del 65,71% de los votantes.
Sin registros electorales, sin partidos políticos, que habían sido proscritos. Sin libertad de prensa, ni de expresión. La aprobación fue sólo reconocida por los partidarios del régimen. La Constitución entró en vigencia el 11 de marzo de 1981.
Por aplicación del artículo  14 Transitorio de la nueva constitución, se aseguraba  la continuidad del dictador Pinochet, con el cargo de Presidente de la República por 8 años. Al término de estos,  de acuerdo a los artículos 17 y 29  Transitorios, los Comandantes en Jefes de las Fuerzas Armadas y el Director General de Carabineros por unanimidad propondrían al país el nombre de una persona que ocuparía el cargo de Presidente de la República por 8 años más, sujeto a ratificación en un plebiscito. Como era de fácil de prever, el dictador Augusto Pinochet fue el designado.
En el plebiscito del 5 de octubre de 1988, el pueblo de Chile se volcó a las urnas, y derrotó abrumadoramente la opción  de que el general Augusto Pinochet prolongara su mandato por ocho años más.  Para la anécdota, queda el retraso por varias horas de la entrega del cómputo final.  El secretario general de gobierno Cardemil, apareció en horas de la madrugada a dar los resultados definitivos. Durante más tres horas los canales de TV, trasmitieron el “Correcaminos”.
La historia cuenta, que a noche del 5 de octubre el dictador pretendía desconocer el resultado, y disponer el despliegue de tropas en todo el país. No todos los miembros de la junta lo respaldaron. El más notorio fue el general Mathei, comandante de la FACH, que fue el primero en reconocer el triunfo de la opción NO. Si bien hubo patrullajes militares en tanquetas y con rostros pintados de negro, en varias ciudades. La noche del triunfo fue de una tensa espera, y una alegría contenida.
El escenario de triunfo de la oposición sobre la opción de continuidad del régimen, abrió una posibilidad de reformar la constitución para la realización de elecciones libres. El régimen pactó con la oposición  un paquete de 54 reformas,  y fue convocado un plebiscito, que se efectuó el día 30 de julio de 1989 del mismo año, a pocos meses de las elecciones presidenciales y parlamentarias programadas para el día 14 de diciembre de ese año. Donde el candidato del régimen sería Hernan Büchi, ex ministro de Hacienda de Pinochet, el cual fue derrotado por el candidato de la Concertación de partidos por la Democracia, Patricio Aylwin.
Desde 1990 al año 2017, subsistieron las principales trabas y cortapisas, establecidas por los redactores de la constitución del 80, para impedir que las mayorías democráticas pudieran expresarse. La última gran reforma fue el cambio del sistema binominal, que mantenía artificialmente empatadas a las fuerzas políticas.
El estallido social, o la revolución de octubre de 2019, pone a Chile frente a una posibilidad única en toda nuestra historia. Poder decidir dentro del sistema democrático y dentro de nuestra institucionalidad, una nueva constitución para Chile. Por primera vez, mediante la participación de todos, podremos optar por la convocatoria a una asamblea o convención constituyente. Las diferencias con el escenario descrito, en la génesis de la constitución del 80’, no pueden ser más radicales. Es imprescindible que todos quienes hoy se expresan en el espacio público, puedan atesorar el grandioso momento en el que nos encontramos.
Poder concretar una nueva constitución, requiere ahora de un trabajo educativo, instructivo, el cual se puede hacer en las aulas, en los lugares de trabajo, en las juntas de vecinos, en los clubes deportivos, en las iglesias.
Una sociedad avanzada, un estado social y democrático de derecho, no se construye desde una calle incendiada. No hay épica alguna en la destrucción del mobiliario de un liceo, en atentados contra sedes políticas, o en la profanación de tumbas o capillas. La lucha social se debe a sus destinatarios, el pueblo mismo. Y nada ofende más al pueblo trabajador, que se destruya el fruto de su sacrificio.
Es hora de construir, de acercarse, de confiar. Se lo debemos a los fallecidos, a los cientos de heridos, a los miles de detenidos, se lo debemos a Chile.
Soy Ernesto Sepúlveda, en Crónicas de la Patagonia.
Lunes 25 de noviembre de 2019.-

domingo, 17 de noviembre de 2019

DÉJA VU



Desde que se iniciaron las protestas masivas contra la dictadura, en 1983, la movilización social fue en un espiral ascendente. Pese a que el régimen desplegó toda su ferocidad, con crímenes alevosos, torturas y horror, la población no se detuvo. El punto de inflexión fue el atentado fallido contra el dictador. A partir de allí, la oposición debió optar, o se continuaba con la estrategia de movilización social y desobediencia civil, o se buscaba una salida política. El realismo primó, y con el beneplácito del departamento de Estado norteamericano, se iniciaron negociaciones que culminaron con un llamado a plebiscito, que se efectuaría el 5 de octubre de 1988.

Se trataba de decidir, nada más y nada menos, sobre la continuidad del régimen, con el dictador Pinochet a la cabeza hasta el año 1997. Esto correspondía a la opción SI, del plebiscito. En tanto, la opción NO, correspondía a quienes querían el término del régimen, y la convocatoria a elecciones libres.

Las discusiones que se dieron en esa época, entre quienes estaban por profundizar la estrategia de movilización social, y quienes confiaban en las negociaciones iniciadas por el régimen. Lo que se conoció como “El veranito de Jarpa”, porque fue con Sergio Onofre Jarpa a la cabeza de la Segegob, que se desarrollaron esas conversaciones.

Durante todo ese tiempo, la sangre seguía corriendo por las calles, la represión y la persecución a los movimientos de izquierda, se prolongó hasta el último día.

Para participar en el plebiscito de 1988, se abrieron los registros electorales. Los que existían hasta el año 1973, habían sido destruidos. El régimen llamó a inscribirse para participar en apoyo a Pinochet. Lo suyo hizo la oposición. Unos primero y otros más tarde, el grueso de la oposición, aceptó las reglas del juego, se inscribió e hizo campaña por el NO.

Para quienes no estuvieron allí. Fue un período plagado de emociones, quienes luchamos contra la dictadura, por primera vez, veíamos que la TV hablaba de las atrocidades, de las violaciones a los DDHH. Todas las noches las familias se agolpaban frente al único TV de la casa, para ver la franja del NO.

Fue un período hermoso, a ratos épico. Y el triunfo sobre el dictador, es una de las alegrías más grandes que hemos vivido como país.

Estamos ahora en el año 2019, inmersos en un proceso de cambio, de transformación social y política, sólo equivalente, a ese otro proceso que vivimos el año 1988.

También ahora estamos ante un proceso que se inicia, con desconfianza de la población, con descontento, hastío. La certeza de vivir condiciones de vida injustas, o miserables, ha hecho perder el miedo. La gente se vuelca a la calles sin temor, pese a los muertos y heridos.

Existen muchas similitudes, en las críticas de los grupos más radicalizados de izquierda y derecha.  En el año 88’  la UDI quería la prolongación del régimen sin plebiscito alguno. El PC primero se oponía al plebiscito, y luego llamaba a votar nulo.

Llegar a una asamblea constituyente en un gobierno de derecha, es algo que nadie previó. Luego de haber aportillado el proceso constituyente iniciado por la presidenta Michelle Bachelet, ahora muchos miran hacia atrás con admiración y respeto.

El acuerdo suscrito por la inmensa mayoría de las fuerzas políticas de Chile, el 15 de octubre de 2019, constituye un hito histórico. Por primera vez pudimos ver en nuestras propias pantallas de TV, como se realizaban las negociaciones, hasta el acuerdo final.

Un acuerdo que por primera vez no era en la cocina de algún incumbente, sino en la sede del congreso nacional. Por primera vez, no “cortaban el queque”, tres o cuatro señorones de la política, sino que fue con un enjambre de parlamentarios, presidentes de partidos, asesores, y decenas de reporteros y periodistas.

El camino que se ha abierto con este acuerdo, nos dejará al igual que en 1988, ante un mundo nuevo. Un nuevo Chile será posible, con la participación de todos nosotros. No existe razón alguna para marginarse de esta oportunidad. Por vez primera Chile se dará una Constitución, a través de una asamblea o convención constituyente.

Se estima que desde que se apruebe en el plebiscito de abril de 2020, la opción de nueva constitución, hasta que esta entre en vigencia, transcurrirá un mínimo de un año y medio.

Este período deberemos abocarnos como sociedad, a resolver los graves e impostergables problemas sociales. Salarios, pensiones, salud, educación, regiones, entre otros. Durante todo este tiempo la gente continuará movilizada, hasta empezar a ver los frutos de los compromisos. Así deberá ser, para que los políticos de gobierno y de oposición no olviden.

La rebaja en la dieta parlamentaria y de los más altos cargos de la administración, no puede esperar más. Asimismo, la aplicación retroactiva de la ley de no reelección. De este modo, el parlamento completo podrá ser renovado en 2021 y 2025.

El término inmediato de las sistemáticas violaciones a los DDHH, ocurridas en todo el país, en el contexto de las movilizaciones sociales, no obsta al rechazo de vandalismo y la delincuencia. Con posterioridad a la firma del acuerdo político por una nueva constitución, se han seguido disparando balines y perdigones a la cabeza de los manifestantes. Se desconoce por qué aún permanece en su cargo el general director de Carabineros, responsable directo de las directrices impartidas a los escuadrones represores.

Estamos ante un momento histórico que marcará a esta generación, así como el triunfo en el plebiscito del 88’ nos marcó a nosotros. Son tiempos de cambio, y de esperanza que nos permitirán crecer como sociedad, y avanzar en la construcción de un Chile más justo y solidario.

Soy Ernesto Sepúlveda, en “Crónicas de la Patagonia”.

Punta Arenas, 18 de noviembre 2019.-

domingo, 10 de noviembre de 2019

LA SENDA HACIA LA PAZ



Estamos próximos a cumplir un mes, desde el estallido social de Chile, el 18 de octubre. Aun no se puede aventurar la magnitud de la fractura social existente. De pronto afloraron con fuerza incontenible, reivindicaciones históricas de los trabajadores, de los pensionados, de las dueñas de casa, de los estudiantes, de los pequeños empresarios, de los transportistas, de los enfermos. Una ebullición que con el paso de las semanas, se ha mantenido con igual intensidad, y se ha extendido a todo el país.

Las personas movilizadas, que a estas alturas se cuentan por millones, han logrado mantenerse activas, en jornadas de protesta, pacíficas, creativas, ampliamente difundidas y transmitidas en tiempo real, a través de las plataformas tecnológicas que ofrecen las redes sociales.

La destrucción de mobiliario público, asalto y saqueo de supermercados y tiendas, incendio de edificios, ataque a iglesias y capillas, han sido los eventos más repudiados por la población. Existe consenso, en que esta destrucción, es totalmente contraria a los objetivos de la movilización social.

El actuar desmedido, con uso de fuerza desproporcionada por parte de la fuerza pública, ha sido denunciado en medios chilenos y extranjeros. A la fecha existe una docena de funcionarios de Carabineros formalizados por tortura y apremios ilegítimos. Los heridos por perdigones se cuentan por miles, y los que han sufrido la pérdida de ojos por estos proyectiles, son mas de 200. En contexto internacional, se aprecia que en las movilizaciones sociales en Hong Kong, que llevan mas de dos meses, el número de personas fallecidas, heridas o detenidas, es sustancialmente menor. El Colegio médico ha advertido que las lesiones oculares, constituyen una verdadera epidemia, no existiendo en el mundo un caso siquiera similar. Donde agentes del estado infieren este tipo de heridas a la población civil.

El gobierno ha intentado retomar el control. Realizó un cambio de gabinete, y el primo ministro del interior, Salió antes de ser acusado constitucionalmente. Pero la tesis del enemigo interno,  de la existencia de una guerra, sigue dominando en el ministerio del interior. Se ha solicitado reiteradamente, por parte de parlamentarios, de dirigentes sociales y políticos, que Carabineros de Chile, no use balines ni perdigones contra la población civil. Sin embargo el nuevo ministro Gonzalo Blumel, se ha negado y ha respaldado totalmente el accionar de esa institución.

Lo que se ha avanzado, con  apertura del ministro de hacienda Ignacio Briones a modificar la reforma tributaria y de pensiones. Se retrocede en el manejo de crisis, que desde interior y Presidencia, se sigue enfrentando como un problema de orden público.

La convocatoria al Consejo de seguridad nacional (COSENA), por el presidente Piñera, denota patentemente la intención de desviar la atención. Se ha pretendido de manera bochornosa, deslindar la responsabilidad directa del mandatario. No se encuentra en riesgo de la seguridad nacional, ni estamos ante una escenario de eventual conflicto con potencias extranjeras. Así lo manifestó con claridad en la sesión del COSENA, el contralor general de la república. El que incluso, señaló que sería contrario a la constitución y al ordenamiento jurídico, hacer una convocatoria, no cumpliéndose los supuestos allí establecidos.

El reclamo por una nueva constitución para Chile, es cada vez más transversal y masivo. Pese a que algunos tildaron de aprovechamiento de la izquierda, y que no estaba entre las peticiones de la ciudadanía movilizada. El presidente de la Corte Suprema, los presidentes del Senado y Cámara de diputados, la denominada “Mesa social”, que reúne a las principales organizaciones de trabajadores, y hasta la Iglesia Católica, están pidiendo que se escuche a la ciudadanía.

A los partidos de oposición, se han unido personalidades de los partidos de gobierno, pidiendo nueva constitución. Destaca por su claridad y apertura en esta área el presidente de RN don Mario Desbordes, y la ex senadora, y figura reconocida en la centro derecha, doña Lily Pérez. El senador José Manuel Ossadon y su hermana diputada, también han dicho lo suyo.

El presidente, últimamente muy solo en su tesis del conflicto con un poderoso enemigo interno, luego de negarlo más de tres veces, ahora se ve dispuesto al tema constituyente. Pero bajo sus términos, que sea una reforma constitucional y que lo resuelva el congreso.

Con más realismo, y también con mayor conocimiento de las fibras que mueven a los ciudadanos, más de 300 alcaldes de todo Chile, están organizando un plebiscito comunal, a efectuarse en diciembre de este año. Allí se consultará si los vecinos quieren una nueva constitución, y sobre el mecanismo. En Magallanes, esperamos que nuestros alcaldes se unan a esta iniciativa.

En el congreso en tanto, esta semana se ve uno de los proyectos de reforma constitucional, presentados en años anteriores, y que permitirían modificar la constitución para efectuar un plebiscito a nivel nacional. La sola idea de que sea el congreso, que entre cuatro paredes, sancione una nueva constitución para Chile, resulta no sólo inoportuna, sino también descabellada. Es sencillamente, negarse a escuchar lo que la gente está diciendo en las calles.

Nuestro país, necesita con urgencia, la paz, necesita con urgencia que se abran caminos de entendimiento. Pero no puede ser como los consensos de los años 90, con políticos del sistema binominal, abrazándose alborozados, por las escuálidas reformas pactadas. No se trata de abjurar de lo que hicimos como sociedad, bueno, malo, regular, fue lo que hicimos entre todos. Lo que muchos creímos insuficiente, ahora es insultante. Las nuevas generaciones que están en las calles, no quieren esos consensos, quieren que se alcance un nuevo nivel de justicia. Una nueva dignidad, que aunque cueste más, nos satisfaga el alma.

Estamos ante nuevos paradigmas. El capitalismo chilensis, va a tener que adaptarse a nuevas reglas, las mismas que rigen en el primer mundo. Esquilmar a la gente no saldrá gratis. Colusiones de precios, intereses usureros, carreras universitarias ficticias, se van a terminar.

Necesitamos salir en paz de este estallido social, necesitamos recuperar el tejido social, que carcomió y pudrió el consumismo, el individualismo, el egoísmo. Vernos en nuestras diferencias, tal como somos, diversos, multicolores, aceptarnos y valorarnos recíprocamente.

El Chile del mañana, se está construyendo hoy. Cada uno de nosotros tiene que poner lo suyo. Estudiantes, profesores, obreros, empleados de oficina, emprendedores, también los políticos de gobierno y oposición.

Sin mas titubeos, sin miedo, sin violencia, vamos a una nueva constitución, y hagamoslo todos juntos.

Soy Ernesto Sepúlveda, y esto fue CRÓNICAS DE LA PATAGONIA

Punta Arenas, Lunes 11 de noviembre de 2019.-

domingo, 3 de noviembre de 2019

UNANSE AL BAILE



En los años 80 del siglo pasado, y durante la negra noche de la dictadura, un grupo de jóvenes de San Miguel formó “Los Prisioneros”. Una banda de rock latino, que si bien no superó la ola de grupos argentinos encabezada por “Soda Stereo”, fue la verdadera banda sonora de los jóvenes chilenos que se rebelaban contra la tiranía.

El líder de “Los prisioneros”, el magistral Jorge González, supo plasmar con sus letras el sentimiento de frustración, el resentimiento, el desencanto, en un país donde en 1990 la pobreza superaba el  30%, millones de cesantes malvivían en las poblaciones y barrios populares de todo Chile. Falta de oportunidades de  todo orden, para una juventud anhelante de disfrutar la libertad, que la dictadura nos quitaba.

La canción icónica de ese tiempo fue “El baile de los que sobran”, parte de su letra, retumba mas allá de las décadas que han pasado. Cuando “la revolución de octubre” se inició en Chile, el tema fue coreado por millones de voces en todas las manifestaciones pacíficas, desde Arica a Magallanes. Un medio fue a preguntar a Jorge González su opinión sobre este fenómeno, y respondió “Me da pena que hayan pasado 30 años y se tenga que seguir cantando”.

De pronto toda la estantería de trofeos que nuestro país exhibía jactancioso, a los vecinos del barrio, se vino abajo estrepitosamente. De pronto todos los expertos, analistas, los políticos favoritos de los matinales, estaban equivocados. Y pese a que la gente no ha salido de las calles protestando y manifestándose en todo el país, los mismos analistas, expertos, y políticos favoritos de los medios de prensa, se han seguido equivocando.

Para el anecdotario histórico, quedará la entrevista que en horario prime daba don Clemente Pérez, ex presidente del Metro, advirtiendo a los estudiantes que realizaron la evasión masiva del ticket. Su frase “Cabros esto no prendió”, quedará como una muestra bochornosa de lo escasamente conectada con la población que ha estado la élite.

El gobierno se ha visto sobrepasado en todas sus líneas. Cambio de gabinete incluido, las medidas anunciadas, se han comprobado insuficientes, a medida que las manifestaciones de descontento se prolongan, y se va ampliando cada vez el petitorio original.

Sería muy largo de referir el sinnúmero de reivindicaciones ciudadanas, la sociedad toda se ha volcado a expresar sus puntos de vista, a hacer sus exigencias, o a pedir el reconocimiento de su derechos.

El grueso de las manifestaciones, marchas, y protestas se ha realizado en forma pacífica, en medio de cánticos, de danza, de expresiones de arte. Sólo un número minoritario y marginal de personas se ha dedicado al pillaje y a la destrucción. Lamentablemente, los canales de TV y los grandes medios de prensa, se han dedicado a relevar esa violencia marginal, por sobre lo que han sido jornadas ejemplares de movilización.

Ningún político puede cantar victoria con estas masivas movilizaciones. El sistema político, económico y social completo, se encuentra en tela de juicio. Y la única forma de salir de este estado de movilización permanente, es con propuestas concretas, financiadas, con plazos definidos y acotados.

En un sistema presidencialista como el nuestro, es de iniciativa exclusiva del Presidente de la República, todo proyecto que irrogue gasto fiscal. Por esta razón, y porque ha sido cuestionado directamente por la población movilizada, el Presidente Piñera debe recoger el guante. Debe asumir que su mandato quedará marcado por el estallido social, y que la forma en que se encauce la revolución ciudadana, depende en gran medida de un cambio de actitud.

No estamos en tiempos, donde un ministro recién nombrado, en un gabinete para resolver la crisis, pueda afirmar de que por culpa de la destrucción callejera, no habrá recursos para responder la demanda ciudadana. Eso definitivamente, debe corregirse. Asumir con humildad que no se ha interpretado las verdaderas necesidades de las personas. Que no se ha sabido escuchar. Abrir espacios para que las personas puedan expresar sus ideas, su opinión, su descontento. Recoger esos planteamientos, sistematizarlos y darles una respuesta.

Eso, ni mas ni menos, es lo que se espera de un gobernante. No que tenga todas las respuestas, sino que sepa escuchar, y corregirse, sepa someterse a lo que la ciudadanía está exigiendo.

Por supuesto, que antes de todo, está el respeto por las personas. La inviolabilidad de los derechos reconocidos a toda persona. En particular el derecho a la vida y a la integridad física y psíquica. El derecho a la libre expresión de las ideas, el derecho a reunión, al libre desplazamiento. El derecho a un debido proceso ante la imputación de faltas o simples delitos.

Es la quinta esencia de la democracia, el respetar los Derechos Humanos. También en esto dábamos lecciones a los demás, de cómo habíamos perseguido a los criminales de lesa humanidad de la dictadura. Pensábamos que nunca más veríamos a los militares en las calles. Y sin embargo, en este octubre de 2019, en Chile, tomamos la máquina del tiempo y aparecimos en el mismo año 1986 cuando salió el disco “Pateando piedras” de Los Prisioneros, con estado de emergencia y toque de queda.

Existe otra forma mas terrible de caracterizar a un gobierno, que relacionarlo con la represión política? Desconozco quien recomendó al presidente, sacar los militares a las calles y establecer el Estado de excepción constitucional. No fue una buena decisión. A la fecha existen 23 personas fallecidas, miles de personas heridas por perdigones, cientos de ellas con pérdida ocular. Denuncias de vejámenes sexuales. Abusos. Uso desproporcionado de la fuerza.

Esta calamidad que afecta al país completo, debe terminar. Miles piden que se convoque a un plebiscito para cambiar la Constitución, y que esto sea a través de una Asamblea constituyente. Lamentablemente, el sector mas duro de la derecha, se aferra a la Constitución de 1980, como el legado de sus fundadores, es la última frontera ideológica que llaman a defender. Desempolvaron a José Piñera para que llamara a defender la constitución y el “Modelo”. Es tan rancio como pedir la vuelta de los senadores designados y del sistema binominal.

Chile tiene condiciones para llevar a cabo un proceso ejemplar de cambio constituyente. Varios de los que desde la derecha e incluso de parte de la ex concertación, critican el llamado a Asamblea Constituyente, olvidan que la salida de la dictadura, requirió un amplio acuerdo político, sin el cual nunca hubiéramos llegado a votar en el plebiscito de 1988.

Chile es un país de paz. Los trabajadores y trabajadoras, las dueñas de casa y los padres que cuidan a sus hijos y trabajan, necesitan ser escuchados. Eso no puede postergarse de acuerdo a los tiempos electorales. El estallido social, que transcurridos 20 días no amaina, requiere respuestas sinceras, y sobre todo escuchas sinceras.

Como tan sabiamente expresó una dirigenta social, al intendente regional,  en un cabildo efectuado recientemente en Magallanes, “Lo que la gente en la calle esta exigiendo es dignidad”.

Amigos y amigas, soy Ernesto Sepúlveda, y les invito a unirnos más que nunca, en Magallanes, sin distinciones políticas, sociales o religiosas, para construir una sociedad mas justa y solidaria, donde todos podamos progresar.

Punta Arenas, Lunes 4 de noviembre de 2019.-

domingo, 27 de octubre de 2019

EL DERECHO DE VIVIR EN PAZ




Amigos y amigas.

La semana pasada se dio inicio a una movilización social histórica en Chile. Histórica porque constituyen las manifestaciones más masivas desde el triunfo del NO, en octubre de 1988. Así se ha consignado en todos los medios. Que la marcha efectuada el viernes 25 de octubre, fue la más grande de todas las realizadas anteriormente. Ha destacado lo pacifico, festivo y alegre de estas marchas. En el caso de Magallanes, con la concurrencia de familias completas.

Un gobierno atrapado en la trampa de sus propias palabras, paralizado, sin signos de reacción. Dio paso, después de la mega marcha, a un presidente tratando de retomar el control. Haciendo distintos gestos hacia la ciudadanía movilizada: Disculpas por errores pasados; reconocimiento de la legitimidad de las protestas; petición de renuncia a gabinete; disposición a modificar la denominada “agenda social”, que había presentado días antes a algunos partidos políticos.

La legitimidad, el fundamento, y el clamor mayoritario en las calles, es contra la desigualdad, contra el abuso, contra los sueldos y pensiones miserables, contra la postergación. Pero no es excluyente, el catálogo de reivindicaciones sociales, es muy extenso. Incluye el reclamo por el cambio de la constitución; reducción de privilegios a los más ricos; el agua como un derecho; No más AFP; seguro universal de salud; educación pública; transporte público. Y un largo etcétera.

Sin lugar a dudas, lo que ha resonado con más fuerza, ha sido el reclamo por una nueva constitución para Chile. Un tema que se abordó en el segundo gobierno de la presidenta Bachelet. Se efectuaron encuentros locales en todo el país, con participación directa de más de 200 mil personas. Se sistematizó las propuestas de la gente, y se confeccionó un proyecto de ley que reformaría la constitución para la realización de un plebiscito. En esa instancia se resolvería por el voto popular, si sería el congreso nacional, una comisión de expertos o una asamblea constituyente, la que sancionaría la nueva constitución.

Eso ocurrió el 2017, hace escasos dos años. El proceso fue torpedeado sistemáticamente por los políticos conservadores de derecha y centro izquierda. Se decía que poco menos, se iba a alterar la estabilidad democrática. El gran empresariado, y las cadenas de medios de comunicación afines, repetían con insistencia, que esos no eran los problemas que importaban a la gente, que era algo que le interesaba solo a los políticos.

Con la llegada de la actual administración, el proceso se paralizó. Se desechó la idea de continuar con la tramitación legislativa de proyecto de gobierno anterior.

Que el reclamo por una nueva constitución, este presente ahora, en todas las movilizaciones sociales, es prueba fehaciente, de que no son ni los partidos políticos, ni mucho menos el gobierno, quien lo impulsa. Claramente no es del gusto de los políticos tradicionales. Reconocer que es el pueblo el origen y destino, de toda la organización política, implica para muchos de los que han detentado granjerías y privilegios,  la aceptación implícita, a que sea el pueblo como poder constituyente originario, el que determine una nueva forma de organización.

Los políticos de uno y otro lado, no vieron venir esta marea. Ya no sirven los alegatos a la estabilidad política, a la paz social, al ambiente de necesario para los negocios, la amenaza de quiebre de empresas y pérdida de empleos. Lo que millones de personas han dicho, y siguen aún hoy día diciendo, con fuerza y claridad, es que la paz social que teníamos, era una burbuja. Que se apretó demasiado la tuerca para mantener el sistema productivo funcionando, a bajo costo, y el hilo del perno se cortó, y la tuera ya no aprieta y gira en banda.

Somos un pueblo pacífico, gustamos de vivir en paz, junto a nuestras familias. Casi el 90% de quienes vivimos en Chile, decimos que la familia es lo más importante. Que nos preocupa el brindarles protección, el darles bienestar. De ahí que lo que más nos preocupa es el empleo, la salud, la delincuencia, la educación.

Grandes compañías dedicadas a la comunicación estratégica y al marketing electoral, diseñaron la campaña presidencial que triunfó el 2017. Se explotó hasta la saciedad los temores. La pérdida del empleo, el quiebre de empresas, el aumento de la delincuencia, la inseguridad. Se difundió información falsa, para vincular a la alianza de centro izquierda con el Chavismo, y con la dictadura venezolana. Se prometió un paraíso de crecimiento económico, mejores ingresos, mayor seguridad, y un sinnúmero de otras ofertas de campaña, cubriendo todo el espectro de necesidades de la ciudadanía.

El candidato que utilizó esa estrategia electoral, venció holgadamente las elecciones presidenciales. Ganó y por un amplio margen, en todas las regiones del país, menos en Aysén y Magallanes.

Si volvemos a revisar las peticiones, demandas o reivindicaciones, del movimiento social, que se ha desplegado en todo el país, apreciamos con facilidad que cubren todas las áreas, donde el actual presidente hizo propuestas, que no se cumplieron. En muchos casos, ni siquiera han formado parte de los proyectos de ley presentados al congreso.

Si las cosas hubiesen seguido como siempre, como han sido desde el retorno a la democracia. La molestia habría sido el combustible para echar a andar de nuevo a la vieja oposición política. Y de ahí a armarse de paciencia hasta el fin de este gobierno en dos años más. Pero algo cambió. Las personas que se volcaron a las calles en todo el país, protestan en contra del gobierno, pero también en contra todo el sistema político y económico. No persiguen apoyar a un candidato en específico, sino que apuntan a cambios más profundos que una simple elección.

Por lo anterior, es que los sucesivos anuncios presidenciales, no han logrado sofocar la movilización social. Tampoco lo ha hecho, la represión sistemática de protestas pacíficas, golpizas, balaceras, con resultado de muertos y heridos graves.

Las personas que he visto en las marchas por todo el país, son en su mayoría  menores de 30 años. Son una generación que nació en libertad, nació en democracia. No tiene los temores ni los recuerdos macabros, de la generación que tuvo que enfrentar la dictadura. Por lo mismo son personas que nadie va a poder someter por la fuerza, ni con la represión. Esto aún no lo comprenden las autoridades.

Somos un país de paz. Es nuestro orgullo y nuestro privilegio. Para que esta paz, que tanto nos costó conquistar, vaya acompañada de grados crecientes de igualdad, se va a requerir esfuerzos consistentes y concretos, para un dialogo amplio de toda la ciudadanía. Es una tarea de valorización de la vida cívica, se trata de reconstituir los lazos que nos unen en sociedad. Es algo que va más allá del cambio de gobierno.

Debemos entender, que el sistema donde las decisiones las tomaban unos pocos incumbentes, ya no existe más. Que la legitimidad de nuestra democracia se juega en la participación masiva, también en los procesos eleccionarios. Ejercer nuestros derechos políticos, lleva consigo cumplir con nuestros deberes cívicos también.

El voto obligatorio, la presentación por el ejecutivo de proyecto de plebiscito para una asamblea constituyente, retirar proyecto de reforma tributaria, separar incremento del pilar solidario del proyecto de pensiones, patrocinar el proyecto de las 40 horas. Son sólo algunos mínimos imprescindibles. No es lo suficiente, es lo mínimo.

La sanción ejemplar a quienes han violado los DDHH durante el estado de emergencia, es tan importante como condenar la violencia, que un puñado de delincuentes trató de instalar sin éxito en la protesta social.

Desconozco si la protesta social, se va a detener sólo tomando estas decisiones.

El inicio de encuentros ciudadanos, de cabildos, son fundamentales para dar cauce al torrente de peticiones, y demandas sociales. La sociedad civil los puede realizar de inmediato, más allá de los mecanismos institucionales que se establezcan, para discutir una nueva constitución.

Amigos y amigas, de octubre de 1988, a octubre de 2019, hemos avanzado bastante como país. Pero como sociedad, unos han ido más rápido y más lejos que otros que se han quedado retrasados, o se han detenido. Es una deuda grande de la que tenemos que hacernos cargo.

Soy Ernesto Sepúlveda, y espero que nos dejen vivir en paz, que podamos decidir nuestro propio destino, sin armas apuntando, con nuestras legítimas diferencias, pero unidos en el sueño de un mundo mejor.

 Punta Arenas, lunes 28 de octubre 2019.-



domingo, 20 de octubre de 2019

VIENTOS DE FURIA



Amigos y amigas:

Los eventos se iniciaron  en Santiago, con jornadas de protesta de los alumnos del Instituto Nacional por el alza de la tarifa del Metro. Durante un par de días cientos de estudiantes secundarios se coordinaron para ingresar a las estaciones, evadiendo el pago. Con el hashtag #EvasiónTodoElDía inundaron las redes sociales. A poco andar el movimiento se viralizó. Se masificó, y se descontroló. De saltarse el torniquete de acceso, se pasó derechamente a la destrucción de los mismos, y de las puertas de acceso, cuando se encontraban cerradas.

La reacción de las autoridades de gobierno siguió en la misma línea ya conocida. Primero el ministro de hacienda, a propósito del alza de los productos de primera necesidad en el IPC, recomendaba “ponerse románticos y comprar flores, que estaban mas baratas”. Luego fue el turno del ministro de economía, quien a propósito del alza en el pasaje de metro, aconsejaba madrugar, para aprovechar la tarifa en hora “Valle”.

La vocera de gobierno, fiel a su estilo confrontacional, partió tratando a los estudiantes como delincuentes, descartando que fueran los usuarios del transporte público los molestos. La ministra de transporte salió a explicar como se calcula la tarifa del metro, negando que un alza de $30 pesos afectara  significativamente.

Algo salió mal. Las protestas lejos de disminuir, aumentaron. Lo que parecía ser al inicio una humorada de los secundarios. Se tornó violenta. Para variar pequeños grupos de exaltados se dedicaron a destruir, torniquetes, cámaras, boleterías. La gerencia de Metro, dispuso el cierre de estaciones. Las rejas fueron derribadas, y una masa incontrolable e incontable se precipitó hacia los andenes. Cientos de jóvenes se sentaron con sus piernas colgando en el anden, impidiendo la circulación de trenes.

El día viernes 18, la situación estaba afectado ya a millones de personas en Santiago. La autoridad parecía duditativa, la intendenta de Santiago, Karla Rubilar, supuesta candidata a gobernadora regional. Desaparecida durante toda la jornada. Por todo Chile se extendían protestas, caceroleos, y manifestaciones espontáneas, de descontento.

Lo que ningún político previó, estaba sucediendo. Un verdadero estallido social. Nuestro país, hasta hace poco “oasis de paz” en un continente convulsionado, ahora se unía al concierto, con una violencia inusitada.

Aun llegando a ese punto, ni gobierno ni oposición daban crédito a lo que sus ojos veían. Muchos se debatían entre condenar y adherir a la protesta social. El partido que quedó más descolocado fue la falange. Su acuerdo con el gobierno para aprobar la reintegración en la reforma tributaria, envejeció mal. Su intención de interpelar al ministro del interior, fue interpretada como una farsa. Ya que se anunciaba la tarde del día,  en que con votos DC el ministro lograba aprobar el control de identidad, a niños  desde los 16 años.

Se produjeron  protestas ciudadanas en todo el país, por las alzas en el transporte, en la cuenta de la luz, por las bajas pensiones, el desempleo, y un largo etcétera. La sensación de descontrol se acentuaba con las horas. Al término de la jornada,  el anuncio del ministerio de Transportes que la tarifa no se modificaba, parecía ser el punto final del gobierno sobre el asunto.

Llegada la noche, las protestas se intensificaron por toda la región metropolitana. En la mayoría de los casos, caceroleos, bocinazos, protesta pacífica. En otros casos, pequeños grupos de individuos dedicados a destrozar mobiliario público y atacar las vitrinas de tiendas y farmacias. El Presidente Piñera, celebraba el cumpleaños de uno de sus nietos, en una pizzería del barrio alto. Las imágenes volaron en las redes sociales, y la vocera tuvo que salir a explicar que “era algo humano”, y que había trabajado todo el día. El presidente decide volver a palacio, y al cabo de un rato, se anuncia la dictación de decreto declarando “Estado de emergencia” en la región metropolitana. Se designa al general Iturriaga como jefe de zona, el cual dictamina Toque de queda entre las 22,00 y las 7,00 Hrs Am, y dispone el despliegue de tropas en distintas comunas de la capital. Posteriormente el Presidente anuncia la suspensión del alza de tarifa del metro.

De pronto debíamos ajustar relojes a 1973.

Militares con armamento de guerra, tanquetas, y otros vehículos blindados, patrullando Santiago. No lograron impedir, el saqueo a mansalva de almacenes, tiendas, supermercados. Una turba de lumpen a plena luz de las cámaras de TV que transmitían en vivo, arrastraban por la vereda, enormes cajas con TV, refrigeradores, lavadoras, microondas, y toda clase de artículos robados. No hubo en esos lugares por espacio de horas, presencia policial ni militar.

La imagen de los militares hablando desde La Moneda, y luego el toque de queda, y las patrullas militares en Santiago, luego en Coquimbo y Valparaíso, dieron la vuelta al mundo en espacio de minutos.

Chile anfitrión de la APEC  a fines de mes, y de la COP25 a fines de año, alumno ejemplar del Fondo monetario internacional, y de las agencias acreditadoras de riesgo. Se unía al resto del continente, sumido hace tiempo ya en el conflicto social.

Al termino del fin de semana, se contabilizaba al menos 8 personas fallecidas durante las protestas, algunas de ellas fallecidas dentro de locales incendiados por el lúmpen. Otros producto de heridas de bala.
Que nos pasó? De pronto varios empezaron a ver la luz. Que la gente está aburrida de los abusos, de la injusticia social, de los bajos sueldos. La desigualdad, los privilegios para unos pocos. Grandes magnates como Andrónico Luksic, de pronto le encontraban razón a la gente para estar enojada. Hasta la congregación de los Hermanos Franciscanos, advierten del profundo abismo que separa a los mas favorecidos de los que poco y nada tienen. La Fundación para la Superación de la pobreza dijo lo suyo, y también algunos destacados y respetados economistas como don  Ricardo French Davis,  que ya lo venía diciendo desde los años 90.

En resumen, somos un país con pies de barro. Mientras una parte está viviendo con el estándar de Nueva York, la inmensa mayoría sobrevive con un salario escuálido o una pensión miserable.

Pero esto no es nada nuevo en política. Lo nuevo es que hasta en la cuna del capitalismo, se considera superado que el único objetivo de la empresa sea maximizar las utilidades. Una suerte de capitalismo atenuado, es propuesto por los dueños de las mas grandes fortunas del mundo. Quienes están en la cúspide de lucro y de la acumulación de capital, se han dado cuenta que el crecimiento infinito es una fabula. Que el cambio climático, el bienestar de la comunidad, y en especial de sus propios trabajadores, son fundamentales para seguir existiendo como empresas.

Para variar, en Chile esas voces llegan tarde. La clase política, y la élite empresarial, aun están desprestigiadas por los sucesivos casos de financiamiento irregular de campañas, por colusión de precios, evasión tributaria.

Es el momento de apelar a la ciudadanía. Un nuevo pacto social debe ser suscrito. Unos le llamaran nueva constitución, otros dirán que debe ser por asamblea constituyente. Lo claro es que el destino de nuestra patria no puede decidirla una puñado de personas. Debe reponerse en forma urgente la obligatoriedad del voto. Más de 14 millones de personas están habilitadas para votar. Ellos son quienes deben decidir nuestro modelo de desarrollo, el tipo de sociedad en la que queremos vivir. Nadie ya tiene la hegemonía de la verdad, ni de la legitimidad. La única forma de detener el estallido social, es abriendo las válvulas.

Así como por arte de magia, alguien abrió las compuertas y liberó el agua de Río Aconcagua, el que hoy vuelve a ver agua en su caudal. Así mismo debemos abrir las compuertas de la participación, para que fluya el manantial que surte y alimenta nuestra democracia.

Ni los saqueos, ni los robos, ni la destrucción de bienes públicos o propiedad privada, son propios de nuestra convivencia democrática, no se debe titubear en la condena y sanción al lumpen responsable.
Estamos viviendo momentos de convulsión social pocas veces vistos en nuestra historia. Es un instante crucial. Los vientos de furia que soplan, y amenazan no dejar títere con cabeza, se alimentan de la ira, del malestar, del resentimiento.

Y no nos hagamos ilusiones, ninguno de nosotros es inocente, o no tiene responsabilidad. El éxito del modelo económico, requirió una fuerte dosis de individualismo, Lo que se fomentó por la sociedad de consumo, como un valor en sí. El logro de  riqueza, como promesa de una día mejor. Ha sido una de las mayores falacias de nuestra historia. Sueldos miserables y pensiones de hambre, no financian una vida de consumismo.  Repensar una alternativa a este modelo, requiere tanto del empresariado, como de los trabajadores, requiere de los políticos también. Pero será nuestra primera tarea, librarnos de los que sólo han servido de lastre en un congreso, de espaldas a la ciudadanía.

Amigos y amigas, soy Ernesto Sepúlveda, y ruego a Dios que seamos capaces de contener a los exaltados, detener al lúmpen que quiere destruir nuestra bella Magallanes, y construir todos juntos la sociedad integrada y en paz que nos merecemos.

Punta Arenas, Lunes 21 de octubre de 2019