Esta semana la gran noticia debía ser la aprobación de la gran reforma
tributaria del gobierno, la ley miscelánea o ley tutifruti fue aprobada en
general por el exiguo margen de un voto en la sala del Senado. Sin embargo, el
despliegue en los medios del todopoderoso ministro de Hacienda se vio opacada por
hechos diversos que constituyen literalmente autogoles, en jerga mundialera. Lo
primero fue la explosiva denuncia relacionada con niños migrantes de Haití. Un
pre informe de CGR, hábilmente filtrado a los medios, generó una agria ofensiva
en contra de la administración anterior. Medios afines al oficialismo desplegaron
ácidas editoriales, se llegó incluso a denunciar por parte de un diputado ultra
conservador, la existencia de una red de tráficos de órganos. Varios días de
declaraciones incendiarias, e incluso amenazas de nuevas acusaciones
constitucionales, en contra de ex autoridades. Fue una seguidilla de enérgicas
declaraciones, y sacadas al pizarrón a autoridades de migraciones y del
ministerio del interior de la administración Boric. ¿Todo para qué?, a escasos
días de iniciado el bulo mediático, tanto las autoridades de la PDI, como
autoridades de Migraciones ratificaron que no existían menores perdidos, de la
lista entregada por la CGR. Organizaciones de migrantes haitianos denunciaron
que nadie les consultó siquiera sobre la materia, ni se intentó ubicar a los
padres de los niños mencionados. Todo el escándalo terminó en una tibia
declaración del ministro del interior, manifestando que la acción mostraba el
interés del gobierno en los menores migrantes. Una verdadera cortina de humo
fallida. Se comenta que tenía el propósito de tapar en los medios, el chascarro
del puente sobre la zanja en la frontera norte. Episodio vergonzoso que fue
disimulado en la pauta de los medios, en su mayoría afines.
Pero como dijo alguna vez la Presidenta Bachelet, las cosas siempre
pueden ser peores. La ofensiva que pretende demoler todo rastro de la extinta administración
anterior, con sendas acusaciones constitucionales en contra de ex autoridades,
tiene los días contados. Surgida como iniciativa de los sectores más extremos
del oficialismo, la acusación en contra del ex ministro de Hacienda Nicolás
Grau logró aprobarse en la sala de la Cámara de Diputados, en virtud a la alianza
del gobierno con el partido populista de Parisi. Tanto en el origen como en la
tramitación de la acusación constitucional, el ala moderada del sector
conservador, ha expresado su desacuerdo con esta acusación en particular, y con
la práctica de recurrir a este mecanismo de última ratio para obtener
dividendos políticos. El nivel de sectarismo manifestado por los patrocinantes,
ha llegado al extremo de no estar presentes en las exposiciones que diversos
expertos constitucionalistas hicieron en la sala. Pero todo indica que en el
senado que debe pronunciarse como jurado, la situación será distinta, debido a
que en ese órgano no existen representantes del partido populista de Parisi.
Un nuevo paso en falso, vino como resultado de un fallo del Tribunal Constitucional,
que pronunciándose sobre la ley de Aula Segura declaró inconstitucional: 1. La
norma que permitía a Carabineros o la PDI revisar las pertenencias y
vestimentas de los estudiantes sin orden previa de un fiscal. 2.-Se rechazó la
inhabilitación para acceder a la gratuidad en la educación superior para
quienes hubieran sido condenados por delitos graves. 3.-Se invalidó la
prohibición del uso de prendas o accesorios que impidieran la identificación
facial o que hicieran apología a la violencia. 4.-Se objetaron normativas que
sancionaban la participación en tomas o paralizaciones. Las argumentaciones
esgrimidas en el parlamento en la tramitación de esta ley, por parte del progresismo,
fueron desechadas por el gobierno, el que hizo valer su mayoría transitoria
aprobando la legislación. Finalmente, en un hecho notable, el TC rechazó las
normas que atentan contra el debido proceso, la presunción de inocencia y el
acceso a derechos sociales como la educación.
Otro flanco entre sus propios adherentes se abrió en la tramitación de la
denominada “Ley anti encapuchados”, que busca tipificar como delito el uso de
buzos con capucha, gorros y otros elementos de vestir que puedan ser usados
para ocultar el rostro. Un diputado ultra conservador que ha sido artífice de
la estrategia de guerra total, refiriéndose a personas que ocultan su rostro en
las manifestaciones, los trató de "verdaderos humanoides". Alzando la
voz preguntó a la sala: "¿Que vamos
a seguir tolerando que estos humanoides que atacan a la sociedad continúen
protegidos por el anonimato? Fueron vanos los intentos de la vice presidenta de
la Cámara Ximena Ossandon para que el diputado moderara su lenguaje. Cada vez
más encendido y agresivo reiteró sus dichos y desafió a que lo pasaran a la
comisión de ética.
Lamentablemente ha sido reiterado en el sector conservador extremo de
nuestro país, el uso de un lenguaje denigrante para referirse a grupos completos
de la sociedad. Recordemos nada más, cuando un connotado dirigente político
trató de “Parásitos” nada menos que a un millón de funcionarios públicos. Todo
esto deja un raro y desagradable tufillo a las prácticas del nazismo, que,
fundado en la discriminación racial, pero también social y política, justificó
su exterminio, calificando a las personas como infra humanos. Con un antecedente
mucho más cercano, en la dictadura civil militar chilena. Para la anécdota
varios analistas recordaron los “martes de Merino”. El espacio ante los medios
que cada semana brindaba el ex Almirante Merino, donde se explayaba sobre
diversos temas. Una de las más recordadas fue en la que califica a los
bolivianos como “auquénidos metamorfoseados”. Frase que en el contexto
dictatorial fue muy celebrada. Era la época de las portadas de diarios como “Exterminados
como ratones”, refiriéndose a las masacres de opositores perpetradas por el régimen.
Cuando el discurso político se dirige a estigmatizar, a caricaturizar o
a deshumanizar a los adversarios, la sociedad vuelve a vivir las fracturas que
ha experimentado en décadas pasadas. No parece razonable, que un sector que se
alzó con el triunfo en las elecciones presidenciales de segunda vuelta, pretenda
extremar las diferencias e incendiar la pradera. La lógica militar de
amigo-enemigo, sólo conduce a un curso de enfrentamiento, lo que no se condice
con nuestro estado de derecho.
Es de esperar que los tropezones de esta semana, que concluyeron con el
propio presidente en un absurdo entrevero en su visita a la Araucanía, hagan
reflexionar acerca de la importancia de la estabilidad social y política. No le
hace bien al gobierno vivir en belicosidad permanente, ni le hace bien a Chile,
perder tiempo y energía en reyertas de este tipo, siendo tan grandes y profundos
los problemas que nos aquejan.
Ernesto
Sepúlveda Tornero
Punta Arenas,
martes 1 de julio de 2026.-
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