Contracción de
la economía chilena de un 15%, costo de la crisis de un 41% del PIB, desempleo
de un 25%. Estas alarmantes cifras, no son del Chile actual, sino de aquél de
la crisis del año 1982. ¿Por qué lo menciono?, porque entre otras causas la magnitud
y profundidad de la crisis provino de erradas decisiones de la autoridad. En este
como en otros temas técnicos, los mandamases de la junta de gobierno, que
ejercían el control del país, contaron con diligentes asesores civiles. En el
ámbito económico eran los conspicuos economistas de la UC y con post grado en
la escuela de economía de la Universidad de Chicago, Los tristemente célebres “Chicago
Boys”. Más de cuarenta años después, las mismas aves se escuchan trinar. La
crisis del año 82´es materia de estudio en la academia, incluso en la UC la han
enseñado algunos de sus protagonistas, con la benevolencia de la mala memoria
colectiva, y empoderados gracias al trato amable del poder.
Según el
estudio “La crisis financiera chilena de los años ochenta”
Según
Marshall, la autoridad económica no prestó atención a la masiva expansión del endeudamiento
y el gasto privado. Asimismo, hubo
deficiencias de regulación y supervisión:
-Liberalización
financiera sin contrapesos.
-Re-privatización
de los bancos intervenidos durante el régimen de la Unidad Popular, y
autorización para el ingreso de nuevos bancos sin evaluación de la solvencia de
los propietarios. Los bancos existentes en Chile pasan de ser menos de diez en
1975 a más de 70 bancos en 1983.
En medidas que solo pueden
entenderse desde una visión ideológica neoliberal extrema, junto a la facilitación
de la creación de nuevos bancos, se restaron recursos y atribuciones a la Superintendencia
de Bancos, debilitando la institución cuya finalidad es velar por el buen
funcionamiento de la ley de Bancos.
Una institucionalidad debilitada,
con un tipo de fiscalización laxa, no pudo impedir la proliferación de toda
clase de infracciones legales o reglamentarias, como traspasar los límites de crédito.
No se prestó atención al descalce producido, cuando clientes con flujo de
ingresos en pesos, se endeudaban en dólares.
Otro importante factor de la crisis,
fue que no se limitó, el crédito entre empresas relacionadas. ¿Cómo operaba este
sistema? Los propietarios de los que por ese entonces se denominaba “grupos
económicos”, controlaban al mismo tiempo bancos comerciales y empresas del
sector productivo, fábricas, inmobiliarias o establecimientos comerciales.
Aprovechando al máximo las ventajas que les brindaba una legislación creada a
su medida, los bancos otorgaban créditos hasta el 50% e incluso más, de la cartera
total de las empresas del mismo grupo económico. Se evadía con facilidad y sin consecuencias
los controles de riesgo de la banca tradicional.
Si las empresas del grupo tenían
alguna dificultad para servir la deuda, el banco del grupo les otorgaba una
renovación automática (conocido como Rollover), se les daba nuevos créditos
para que de este modo los préstamos originales figuraran al día.
Como advirtieron tardíamente los
expertos, una vez que la crisis estalló, que la falta de transparencia, al no
existir balances consolidados, impidió a la Comisión para el Mercado Financiero
(CMF) o al regulador detectar el alto nivel de insolvencia oculto.
Cuando en 1982 se abandona el tipo
de cambio fijo, la crisis estalla y las empresas productivas entran en
insolvencia, produciendo la caída de los bancos relacionados.
Dentro de las paradojas que se han
dado en nuestra historia, esta es sin lugar a dudas, una de las más grandes, el
sector ultra neoliberal que propició las condiciones para la proliferación de
bancos sin control alguno, debió disponer medidas económicas para tomar el control
estatal de la banca privada. A comienzos de 1983 se interviene 8 instituciones,
incluidas las dos más grandes del sistema.
Las instituciones viables permanecen en poder de la autoridad
para su posterior reprivatización, mientras las no viables son liquidadas. En
estos casos los depositantes debieron compartir los costos de la debacle recibiendo
solo el 70% de sus fondos. Quizás el caso de los Fondos mutuos, refleja de
mejor manera, la traición a la confianza depositada en la institucionalidad,
producida la crisis, los partícipes deben asumir las pérdidas.
Los principales dueños de los grupos económicos, que
protagonizaron la debacle que llevó a Chile a la crisis de 1982 fueron: Javier
Vial Castillo (Grupo Vial, ligado al Banco de Chile y Banco Hipotecario) y
Manuel Cruzat Infante (Grupo Cruzat-Larraín, ligado al Banco de Santiago y Banco
Continental).
El tristemente célebre Banco de Talca, tuvo por controladores
al grupo Calaf-Danioni, Miguel Calaf Rocoso y Alberto Danioni: Dueños del 65%
de las acciones a través de sus empresas vinculadas. Para la historia quedó el
dato de que tuvo como gerente general entre 1979 y 1980, a Sebastián Piñera
Echeñique, quien debió enfrentar procesos judiciales posteriores por
infracciones a la Ley General de Bancos. El Banco de Talca no estuvo dentro de
las entidades que el estado rescató por considerarlas viables, el banco fue
liquidado en abril de 1982, y no pagó deuda subordinada a largo plazo como
otros bancos.
El proceso histórico de la deuda subordinada culminó el 30
de abril de 2019, cuando el Banco de Chile pagó el último remanente al Banco Central
de Chile, de los recursos públicos que se debió invertir en su rescate.
La crisis del año 1982 la pagaron los trabajadores y trabajadoras
de Chile, y a la sazón la pagó Moya a través del rescate a la banca. El alto
desempleo se prolongó al menos hasta 1986, y los planes creados para absorber
mano de obra el PEM y el POJH sólo permitían a los trabajadores acceder a un
ingreso inferior al ingreso mínimo. En este período se plantea por el ministro
de ODEPLAN eliminar el ingreso mínimo, medida que se pretendía implementar para
“echar a andar de nuevo la economía”. En
la reunión de ministros de gabinete donde se decidiría esta medida, finalmente
primó la opinión de José Piñera, quien advirtió al dictador Pinochet, de los
potenciales efectos sobre el descontento social. Semanas después se produciría el
cambio de gabinete que marcó la salida de los Chicago boys del control
económico.
Este vistazo a la crisis de 1982, nos permite advertir de
los efectos y consecuencias de las decisiones erradas en la economía. Los riesgos
de adoptar medidas de política económica en contra de la voz de los expertos e
instituciones especializadas están a ojos vistas. Hoy estamos en democracia,
con libertad de expresión, de prensa y de opinión, y además con una institución
autónoma como es el banco Central, y, sin embargo, no estamos inmunes a los efectos
de las malas decisiones, adoptadas nuevamente desde una óptica neoliberal
extrema.
Ernesto
Sepúlveda Tornero
Punta
Arenas, lunes 10 de agosto de 2026.-
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